Opinión:
Hace una década, 850 mil niños y niñas no iban a la escuela simplemente por una razón: no había escuela a dónde ir, y si existía una, no tenía maestro. Demasiadas comunidades rurales no contaban con centro escolar y muchas más tenían un edificio, pero el maestro se había jubilado, o había solicitado ser trasladado a otro lugar más asequible, o nadie daba cuentas de su paradero.
Paradójicamente, miles de plazas docentes vacantes se ubicaban en esas áreas remotas, pero nadie se interesaba en ir a enseñar allí. Para terminar de complicar la situación, la auditoría externa practicada a todas las escuelas en 1997 evidenció que, en un día ordinario de clases, una cuarta parte de los centros educativos estaban cerrados. Adicionalmente, un 40 por ciento de las escuelas había recibido una o menos visitas de supervisión en los últimos 18 meses. En resumen, ¡las cosas no funcionaban! Este panorama hizo que las autoridades comprendieran que la incorporación de los niños al sistema educativo exigía explorar una fórmula distinta. La nueva forma de hacer las cosas debía acercar la gestión escolar a la comunidad e involucrar a los padres de familia, de forma tal que no solo se comprometieran con la educación de sus hijos, sino que velaran por el adecuado funcionamiento de la escuela. De allí derivó la decisión de fortalecer el Pronade como la principal estrategia para la ampliación de cobertura en áreas rurales. El mismo constituía en ese entonces un pequeño proyecto piloto del Ministerio de Educación, ejecutado en coordinación con Fonapaz. Hoy día, Pronade atiende a más de 450 mil alumnos del área rural y las escuelas de autogestión constituyen una quinta parte de las escuelas primarias del país. El programa ha sido muy efectivo para llevar educación al interior del país. Su éxito se ha debido en gran medida al haber compartido la responsabilidad con las comunidades, otorgándoles autoridad a los padres de velar por la educación de sus hijos. La contienda electoral ha dado lugar a cuestionamientos sobre el programa y la consabida promesa electoral de presupuestar a los maestros de Pronade, quitando así a las comunidades la autoridad en que se sostiene el funcionamiento de las escuelas de autogestión. Espero que los líderes de los partidos políticos comprendan que acciones como estas solamente traerán como consecuencia retroceder a un modelo educativo agotado, que ha demostrado ser inadecuado e insuficiente y que tuvo como consecuencia en las postrimerías del siglo XX vedar a cientos de miles de niños y niñas el acceso a la educación. Agregar comentario: |
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