La Revolución Francesa bien vista y sus consecuencias a la distancia.
Jacques Seidner
Los hechos históricos pueden interpretarse de tantas formas como puede haber estudiosos e ideólogos. La Revolución Francesa no escapa a tal situación, sin embargo, siendo la interpretación de Casandra no puede si no ser cierta e irrefutable…
La Revolución Francesa iniciada en 1789 fue el producto de rebeliones populares –incitadas estas por los enemigos internos y foráneos de la monarquía francesa– sumado ello a la ambición de las élites tradicionales –la nobleza y el alto clero– pero y sobre todo a la nueva burguesía ascendente social y económicamente pujante –personas de profesiones liberales, ligada a una masonería anglófila– hombres de ley y de letras algunos de ellos de gran calidad intelectual, que deseaban arrebatarle a la monarquía parte de su poder político para acceder ellos mismos a una vida pública que les estaba vedada por un régimen absolutista que gobernaba el país desde mil años atrás.
Desafortunadamente para la tranquilidad y prosperidad de Francia –era esta en 1879 la nación más rica y habitada de Europa– el movimiento revolucionario que proponía ser limitado se le fue de las manos a sus promotores originales y terminó catastróficamente para la nación francesa en los campos cenagosos de Waterloo 25 años mas tarde.
La Revolución Francesa presentó dos aspectos novedosos. Uno positivo, indispensable para la vida de nuestras sociedades modernas: la libertad y la igualdad para todo ciudadano del mundo. Y si es cierto que la Revolución Americana y su democracia limitada fue anterior al movimiento francés –1776– debieron los norteamericanos lidiar con la esclavitud durante cien años antes de lograr generalizar la libertad e igualdad en su sociedad y ello hasta l865.
El aspecto negativo de las guerras de la revolución y del imperio napoleónico fue como reacción a ellas el nacimiento y generalización en Europa de los nacionalismos a ultranza. Los estadistas que se ocuparon de liquidar la época revolucionaria/napoleónica –Congreso de Versalles 1815– intentaron frenar los movimientos revolucionarios nacionalistas europeos a través de la Santa Alianza de las casas reinantes, que buscaban con ello regresar al statu quo anterior y mantener incólume las instituciones monárquicas poco más o menos absolutistas.
Esta situación resistió una generación cuando en 1848 estalló el corsé impuesto y los nacionalismos poco más o menos socializantes se regaron por Europa. La era de las nacionalidades habría de durar cien años con su cauda de guerras y muertes.
Hoy Europa se encamina hacia su unidad política y abandona los conceptos trágicos del pasado, ello a pesar de la reticencia de ciertos pueblos que aún reivindican entre sí sus odios ancestrales. La Revolución Francesa combatiente con sus quimeras nacionalistas y bélicas ha pasado la página. Le ha dejado, sin embargo al mundo el legado universal de los derechos del hombre y del ciudadano, piedra angular indispensable de toda democracia moderna... Después y a pesar de todo bien valió la pena…
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1 comentarios:
sergio licardie V.: (2007-08-22 10:37:24 horas)
Mi maestra de sexto año, doña Lili Aldana, en la escuela Leonidas Mencos A. donde fuimos a parar un montón de reprobados de varias escuelas de la zona 1, saludos amigos y a sus hijas, mi dirección lvsergio2@cableonline.com.mx me enseñó un truco para no olvidarme de la fecha de la revolución francesa, el año 1789. Obsérvese bien, 7 8 9. En la fecha que nos da la autora me sacó de mis casillas históricas. Ya está hecha la aclaración principal. Está bonito el artículo.
1 comentarios: