El hombre no ha dado paso positivo en la historia.
Amable Sánchez Torres
¿Qué pasaría si, de la noche a la mañana desaparecieran del mundo todas las armas de fuego? ¿Cómo nos sentiríamos? ¿Seríamos capaces de adaptarnos a la nueva situación? ¿No pensaríamos que nos falta algo sin lo cual nos resultaría prácticamente imposible vivir?
Por paradójico que parezca, hasta esto hemos llegado. Es como aquel que padece una enfermedad tan larga y tan arraigada, que acaba resultándole inconcebible imaginarse sin ella. “País armado” es el terrible titular central de la página de portada de Prensa Libre, publicado el último domingo. Y a continuación: “entre 800 mil y un millón y medio de armas circulan de manera ilegal en Guatemala. Sanción por este delito es mínima”.
Las puntualizaciones siguen en la página 1 y en la página 2. ¿Por qué? ¿Por qué tantas armas, por qué ilegales, y por qué tan ridícula sanción por tal delito? “¡algo está podrido en Dinamarca!”, dijo Hamlet. O en Guatemala, podríamos decir nosotros.
Lamentablemente, el hombre no ha dado paso positivo en la historia sin que tal paso no haya llevado también anexo un paso negativo. Me explico: nada ha sido capaz de inventar el hombre para el bien sin que lo mismo haya servido, a continuación o al mismo tiempo, para el mal. ¿Pesimista? Cuando el hombre descubrió que con una piedra le resultaba más fácil matar a un venado, descubrió que con la misma piedra le resultaba también más fácil matar a otro hombre. Ambos descubrimientos los asimiló con la misma satisfacción. La prueba de ello es que no ha dejado matar venados ni hombres tampoco. Peor aún: hoy seguramente mata más hombres que venados.
Por eso suena a simpleza definir al hombre como “animal racional”. ¿Racional? ¿De dónde? Por eso yo me resisto a que se le compare con un lobo. El hombre no es un lupus para el hombre, sino simplemente un hombre. Por una parte, parece que los lobos son gregarios, fieles a su manada y solo matan para comer. ¿Es esto lo que el hombre hace? ¿Por qué tiene que matar? Las armas solo pueden existir por tres razones: por hobby o deporte, para agredir o para defenderse.
Pero el agresor ha sido y sigue siendo primero: si no hubiera agresores, tampoco habría víctimas ni se armaría nadie para defenderse de ellos. Esto constituye ya un círculo vicioso que nos estrangula, estrangula nuestros sueños y estrangula asimismo a la sociedad más optimista. ¿Qué pensarán los agresores cuando cantan u oyen el himno nacional? ¿Dónde está la invasión extranjera? ¿Qué invasión? ¿Por qué entonces armarse tanto? ¿Veremos algún día sustituidas las armas por las ideas?
0 comentarios: