Desde mayo de 2006 se observaron los primeros síntomas y en febrero de este año se oyó de quiebras aisladas. Varios expertos lo advirtieron: no había que jugar con fuego porque las consecuencias podrían ser graves. Pero quienes marchaban sobre la cresta de la ola no tienen tiempo de escuchar y creyeron el sueño imposible: el precio de las viviendas solo podía ir para arriba, nunca retroceder.
Aunque el problema tiene origen en EE.UU., por la globalización particularmente financiera, estremeció los mercados en todo el planeta. Para alejar el fantasma de la crisis de 1929 los principales bancos centrales inyectaron, de manera coordinada, miles de millones de dólares.
Inmediatamente se midieron los alcances del problema y se vio que la economía mundial no caería en una recesión, ni siquiera se desaceleraría su crecimiento. Lo cual no significa que no hará daños ni consecuencias, incluyendo a países como el nuestro que no son invitados a esas fiestas de inversión y crédito fáciles, pero deben irremediablemente acompañar las resacas.
La crisis crediticia de las últimas semanas se originó cuando, a través de complejos instrumentos financieros –unos fondos de inversiones que dejaban inmensas ganancias a sus operadores–, se estimuló de manera intensa los préstamos privados para comprar viviendas. Alcanzó tal grado la fiebre de préstamos que no se midió el riesgo y se dio dinero a personas que ordinariamente no califican en las entidades financieras, y bajo condiciones muy laxas. Parecía remoto que la gente endeudada no pudiera pagar.
Y ocurrió justamente eso. Los deudores menos solventes, abrumados, cayeron en mora, los intereses fueron subiendo para todos y el valor de las propiedades se vino en picada. La capacidad de refinanciar los préstamos se agotó muy rápido y alrededor de un millón de viviendas pasaron al rubro de activos de las entidades financieras. En estos días los diarios extranjeros reportaron el caso de una pareja con 17 hipotecas y créditos tomados pignorando sueldos y contra tarjetas de crédito.
Parece irónico pero la estabilidad que la economía mundial gozó durante los últimos años podría haber creado el caldo de cultivo de esta tormenta. Sin recesiones serias ni cambios sorprendentes en las políticas monetarias, los inversionistas estuvieron, confiados, estuvieron cada vez más dispuestos a endeudarse. A más confianza, menor riesgo y, en consecuencia, menores rendimientos. En ese contexto aparecieron los fondos de cobertura de riesgo, ofreciendo jugosos rendimientos.
La evaluación de daños se dirige ahora hacia los bancos. Un cálculo de The Economist sugiere que las pérdidas superan los US$300 mil millones, pero la verdad es que en la mayoría de casos los números rojos ni siquiera se han anotado en su propia contabilidad. Ya veremos en los próximos días qué tanto elevan sus intereses y regresan a la vieja cautela a la hora de conceder créditos.
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1 comentarios:
josue augusto perez figueroa: (2007-09-03 07:35:31 horas)
El sistema capitalista siempre genera crisis. Hay expertos de la Marroquin que aseguran a pie juntillas que el sistema no es de suma cero y juran que el sistema enriquece a todos.
La explicacion de la crisis actual en USA no es de facil explicacion porque es el resultado de las acciones y decisiones individuales, y si todos buscan la UTILIDAD como fin ultimo, es decir algo que no tenga ningun costo.
El dinero circulante no da para tanto, porque cuando se tiene el DINERO suficiente EL INCENTIVO de mas DINERO se acaba.
Cuanta razon hay en aquella cancion cubana: EL TRABAJO LO HIZO DIOS COMO CASTIGO y en la otra que dice EL NEGRITO NO QUIERE TRABAJA.
1 comentarios: