El gran problema de Colom ha sido apoyar su mensaje en una abstracción en la que, según él, se sintetizan las aspiraciones de los guatemaltecos. Este tipo de mensaje, carente de agresiones, es útil en tanto y cuanto el candidato se encuentra a considerable distancia de sus contendientes. Y también mientras los votantes no personalizan en los otros candidatos las soluciones para sus problemas.
La estrategia de Colom empezó a debilitarse desde el momento en que Otto Pérez Molina y Alejandro Giammattei se apoderaron de la agenda pública y la gente empezó a verlos como los candidatos más aptos para enfrentar el tema de la violencia e inseguridad. En ese momento, casi en la fecha en la que se emitió la convocatoria oficial para las elecciones, los mensajes de Colom debieron haber empezado a abordar temas concretos. Su campaña perdió la oportunidad de asociar la idea de la esperanza con soluciones concretas para combatir la delincuencia común y el crimen organizado.
Algunos colegas analistas sugieren que Colom se proyecte como una persona de fuerza. Otros han especulado sobre la utilidad que tendría explotar el presunto temor que todavía infunde el pasado contrainsurgente del país y asociarlo a la figura de Otto Pérez Molina, como ex comandante de una fuerza de tarea en Quiché y cabeza de la Dirección de Inteligencia del Ejército durante el Gobierno de Jorge Serrano.
No creo que ninguna de las dos líneas de acción propuestas le favorezca. La primera, que aparentemente ya empezó a ser ensayada por Colom en su mitin en Chiquimula, fue precisamente la que selló su derrota frente a Óscar Berger. Colom no es creíble calzándose las botas de Rambo. Y la segunda opción, explotar el miedo, más bien en un contexto tan propenso al autoritarismo y a la nostalgia militar como el guatemalteco, lo que haría sería apuntalar la campaña de Otto Pérez.
Lo que le queda a Colom son dos salidas, una complementaria de la otra. La primera, construir una estrategia de comunicación que establezca el vínculo entre la esperanza y su propuesta para abatir la violencia. Explicar de manera clara y convincente por qué su plan es mejor que el de Otto Pérez y por qué alguien como él, civil, con trayectoria como promotor de proyectos de desarrollo social y económico, puede aplicarla de manera eficaz. La segunda, una vez precisado el mensaje, es reforzar la identidad política de sus activistas, haciéndoles que interioricen este mensaje, que sean capaces de difundirlo y, sobre todo, motivarles para no desalentarse en caso la diferencia de votos en la primera ronda no sea tan favorable como inicialmente esperaban.
La UNE tiene una gran ventaja sobre el PP: una extensa organización territorial que abarca a la mayor parte del país. Sus redes partidistas llegan a lugares a los que el PP no le dio tiempo de afincarse. Esta base debiera ser reactivada con el mensaje más preciso y luego intentar rescatar los grandes núcleos urbanos, en particular la capital, que se ha ido desplazando hacia Otto Pérez.
En suma, sería un error para Colom pretender asumir una personalidad gritona. Pero también sería fatal resaltar el carácter militar de su contendiente. En cualquiera de las dos opciones, Colom estaría haciendo campaña a favor de Otto Pérez Molina.
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