Haga lo que haga, hágalo por Guatemala: solo por ella.
Amable Sánchez Torres
Hay un viejo adagio latino que dice: Distingue verba et concordabis iura: distingue las palabras y concordarás (o verás claros) los derechos. No es esto lo que ocurre con los artículos 135 y 136 de la Constitución Política de la República. El primero se titula Deberes y derechos cívicos; el segundo, Deberes y derechos políticos. Ahora nos importa, sobre todo, el segundo. No veo problema ninguno en el título en cuanto tal; sí en los incisos del mismo, en los que se incluyen los derechos y deberes enunciados, pero no se logra saber a ciencia cierta cuándo se trata solo de deberes, cuándo solo de derechos, y cuándo –en el caso de que esto pueda ser posible– de ambas cosas a la vez.
Se dice, por ejemplo: “Son derechos y deberes de los ciudadanos –ya se ha invertido el orden en los términos del enunciado–: a) Inscribirse en el Registro de Ciudadanos; b) Elegir y ser electo; c) Velar por la libertad y efectividad del sufragio y la pureza del proceso electoral; d) Optar a cargos públicos; e) Participar en actividades políticas; f) Defender el principio de alternabilidad y no reelección en el ejercicio de la Presidencia de la República”. ¿Se trata en todos los incisos de un deber y al mismo tiempo de un derecho, o a veces solo de un derecho y a veces solo de un deber?
¿No habría sido preferible separar bien los derechos de los deberes, o viceversa, aunque en algunos casos se repitieran unos, otros o todos?
Este artículo, como otros de la Constitución y muchos de nuestras leyes, es un río revuelto, donde los pescadores más hábiles y malintencionados pueden sorprender a los peces más incautos o medio analfabetos. Por este camino, el coctel del brindis se puede convertir fácilmente, y a veces en menos que canta un gallo, en un coctel molotov. ¡Pobre patria! La pregunta que uno oye todos los días no suele ser por qué sistema, o qué instituciones, o qué ideas, o qué leyes, o qué principios, o qué valores vas a votar, sino por quién vas a votar. Es decir: en este descampado (o maraña, si se quiere), donde no existe un sistema bien articulado y confiable en el qué ampararse, al que quiera votar no le queda más remedio que hacerlo por una persona. ¿Por quién? ¿Por el más aventado, el que más promete, el que mejor se expresa, el más guapo, el menos feo, el que cae mejor o menos mal, el que ofrece mejor hueso para después? ¿Por quién? Sugerencia (que ni siquiera consejo): pídale luz a Dios, sincérese con usted mismo, limpie su conciencia de todo interés bastardo y vote o no vote. Si vota, hágalo por quien su conciencia, no su pastor ni su político más cuate, le dicte. Usted es mayor de edad y, sea cual fuere el resultado, nadie se va a responsabilizar por usted. Haga lo que haga, hágalo por Guatemala: solo por ella.
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