La noción de respeto es ajena a muchos aspectos de nuestra vida ordinaria.
Rigoberto Juárez-Paz
elPeriódico del martes pasado destacó la noticia de que “los partidos respetarán el resultado electoral”. El ciudadano común y corriente de seguro se sentirá satisfecho de que su esfuerzo no será en vano. Su preferencia será respetada. Gane o pierda su candidato, la expresión de su voluntad ciudadana se tendrá en cuenta y el método democrático de seleccionar servidores públicos seguirá vigente. Esta vez no habrá fraude. “Los únicos resultados reconocidos serán los del Tribunal Supremo Electoral”, dijeron los aspirantes a la primera magistratura, ante representantes de la Organización de Estados Americanos (OEA), la Alianza de Iglesias Evangélicas, la Conferencia Episcopal y la Comunidad Judía en Guatemala”.
Por una parte, la noticia no deja de ser alentadora. Se respetarán las decisiones del Tribunal establecido para el efecto. Ya no habrá fraude electoral. Por la otra, a estas alturas de los tiempos ya era hora de que quienes aspiren a gobernarnos hubieran aprendido a respetar las leyes del país. Si yo hubiera sido candidato a la primera magistratura de la nación me habría parecido ofensivo que me pidieran que firmara, o que de alguna manera conviniera, en que respetaría las decisiones del Tribunal Supremo Electoral. Eso es algo que de necesidad debe darse por sentado. Algo parecido debió haber pasado por la mente de aquellos candidatos que solo se hicieron representar, y claramente de Miguel Ángel Sandoval, quien dijo que “lo hacia solo por respeto a la OEA y las organizaciones religiosas participantes”. Hacerles prometer que cumplirán con la ley equivale a preguntarles ¿están ustedes moralmente calificados para aspirar a gobernar nuestro país?
Ellos de seguro se dieron cuenta de que se trataba de un supuesto básico o fundamental que quienes aspiran a tan alto cargo son personas decentes y respetuosas de las normas que rigen la vida en sociedad. Pedirles que se comprometan a respetar las decisiones del Tribunal Supremo Electoral era y es algo superfluo.
En mi calidad de maestro de escuela siempre me ha preocupado mucho que la formación de nuestra juventud sea defectuosa, tanto en lo que respecta a la formación científica tradicional como en lo que respecta a la formación humana, moral o social. Por supuesto que la responsabilidad no recae exclusivamente en los maestros. La conducta anómala de muchas personas prominentes, conducta que es del conocimiento del gran público, gracias a los medios de comunicación, hace muchísimo daño a la juventud. Ya en tiempos de Sócrates los jóvenes protestaban que los honrados no tenían éxito. Que el éxito era de los listos y que ni siquiera era dable referirse a una justicia después de la muerte porque también los dioses tenían un precio. La educación de la juventud era entonces una tarea mucho más difícil que en la actualidad. La tradición cristiana todavía no había enriquecido la conciencia moral del mundo occidental. Es cierto que en nuestro medio no hay una tradición sólida de respeto a las normas, ni siquiera a las normas más elementales. El único lugar público donde yo he visto la noción de deber es en el escudo de la Escuela Politécnica. La noción de respeto es ajena a muchos aspectos de nuestra vida ordinaria. Hacer aquello que nos da la gana ha adquirido estatus de norma fundamental. La noción de respeto a menudo se confunde con la de arbitrariedad. Como fuere, la conducta ejemplar de quienes están en la mira del público sigue siendo una poderosa fuente de educación en los principios de la vida decente, de la manera que la conducta reprobable de muchos que nos han gobernado es una fuente inagotable de corrupción para la juventud. Como todos lo sabemos, se educa con el ejemplo, se trate de educación cívica, educación moral, educación matemática o de la que fuere. Nuestra conducta deliberada encarna principios de modo que ¡a ser todos ejemplares, y ¡a votar según su mejor criterio!
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3 comentarios:
josue augusto perez figueroa: (2007-09-07 09:26:37 horas)
Si de algo no debemos enorgullecernos es de que nuestras INSTITUCIONES POLITICAS no gozan de credibilidad. En nuestro imaginario social siempre existe la duda de la actuacion de los jueces, peor si la decision afecta nuestros intereses. En la mayoria de paises desarrollados, los ciudadanos tienen mas confianza en sus INSTITUCIONES POLITICAS, digo mas como algo que no es del todo cierto pero a lo menos esa confianza se traduce en menos conflictos sociales que en nuestro medio.
En la historia reciente era comun el fraude electoral. A partir de 1985 la confianza en las INSTITUCIONES POLITICAS relacionadas con el proceso electoral han venido fortaleciendose, sin embargo el TSE, ha sufrido un deterioro en su credibilidad y muchos medios y columnistas envian mas mensajes negativos sobre el TSE. Yo no se sin con fundamento o no, pero lo cierto para mi es que debemos respetarlo y tratar de aumentar la confianza en esa INSTITUCION POLITICA.
Las criticas hacia el TSE, en estos momentos con razon o sin ella, no creo que convenga a los intereses del Estado de Guatemala.
otto gonzalez: (2007-09-07 03:12:56 horas)
No estoy de acuerdo porque recuerde que son politicos... o sea en el ambiente guatemalteco, es alguien muy zagas que logra evadir la justicia, que lleva escoba detras para que no sigan sus verdaderas huellas, que todos saben que lo hizo pero no se puede probar...ojala tuvieramos politicos verdaderos, con nacionalismo y sin banderas e ideas extranjeras, pero el tse fue realista y sabe la calaña que se ha juntado...
otto gonzalez: (2007-09-07 03:09:53 horas)
No estoy de acuerdo porque recuerde que son politicos... o sea en el ambiente guatemalteco, es alguien muy zagas que logra evadir la justicia, que lleva escoba detras para que no sigan sus verdaderas huellas, que todos saben que lo hizo pero no se puede probar...ojala tuvieramos politicos verdaderos, con nacionalismo y sin banderas e ideas extranjeras, pero el tse fue realista y sabe la calaña que se ha juntado...
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