El general José María Reina Barrios, sobrino del reformador general Justo Rufino Barrios, se educó en Francia y Estados Unidos y llegó a la Presidencia de la República de Guatemala en 1892. Hoy es recordado por dos hechos concretos: la construcción de la avenida de la Reforma en la ciudad capital, que dejó en mala situación el erario nacional; y su intento por permanecer en el poder más allá del mandato obtenido en las elecciones de 1992. Cuando concluía su mandato, en junio de 1898, el presidente Reina Barrios decidió prorrogar su estancia en el poder hasta 1902, para lo cual disolvió el Congreso, convocó a una constituyente y preparó un decreto mediante el cual alargaba su período presidencial.
Previo a este “autogolpe de Estado” se estaban preparando las elecciones presidenciales, con tres precandidatos, entre ellos dos personajes del occidente del país: el general Daniel Fuentes Barrios, pariente de Justo Rufino Barrios y apoyado por Juan Aparicio, socio prominente del Banco de Occidente; y el licenciado y coronel Próspero Morales, apoyado en su candidatura por el señor Sinforoso Aguilar, a la sazón alcalde de la ciudad de Quetzaltenango. Y desde el oriente del país se postulaba el capitán José León Castillo.
El malestar ocasionado por la decisión unilateral de Reina Barrios provocó un levantamiento militar el 7 de septiembre en San Marcos, habiéndose los rebeldes hecho fuertes en el destacamento militar, donde se instaló un triunvirato integrado por los precandidatos general Fuentes Barrios, coronel Morales y por el licenciado Feliciano Aguilar, ex presidente de la recientemente disuelta Asamblea.
Al día siguiente, el 8 de septiembre, partió un pequeño ejército (unos 400 hombres, comandados por el general Fuentes Barrios) hacia San Juan Ostuncalco, y de allí partirían hacia Quetzaltenango, pero fueron advertidos de que en San Carlos Sija se preparaba un contingente bien aperado y leal al presidente Reina Barrios, por lo que decidieron volverse a San Marcos para preparar de mejor manera la invasión a Quetzaltenango, lo cual hicieron el día 13 de septiembre, con el consabido desastre y muerte de cientos de ciudadanos que se oponían a la intención tiránica del presidente Reina Barrios. Pero aún así, se dio otro combate en Totonicapán, (precisamente en el mismo sitio en que décadas atrás los liberales comandados por Justo Rufino Barrios vencieron a los conservadores, en el lugar denominado Tierra Blanca). En este nuevo combate el Ejército, leal al Presidente, se había fortalecido con cerca de 10 mil hombres, por lo que la derrota de los revolucionarios fue fulminante.
Los revolucionarios habían también tomado varios puntos del occidente, entre ellos el puerto de Ocós y Nuevo San Carlos en Retalhuleu, Coatepeque.
Cuando el presidente Reina Barrios supo del levantamiento en San Marcos, ordenó que tomaran como prisioneros a Juan Aparicio y al alcalde de Quetzaltenango Sinforoso Aguilar, indicando que si los rebeldes atacaban la ciudad los fusilarían públicamente, hecho que se dio el día 13 de septiembre a las 11:00 de la mañana. Vale recordar que ambos personajes, queridos por sus dotes personales, no estaban implicados en el levantamiento revolucionario, pero Reina Barrios había dado la orden como un “persuasivo” para evitar la toma de la ciudad.
Este cruento hecho histórico ha sido recordado cada año con un acto simbólico en el Cementerio General de la ciudad de Quetzaltenango, ante el panteón de los mártires donde se lee el siguiente epitafio: “El odio a los tiranos los hizo mártires, el amor a la libertad los hizo héroes”. Y a partir de hoy se hará memoria mediante el monumento erigido como un “arco” al ingreso de la ciudad.
La vida de Reina Barrios fue cegada el 7 de febrero de 1898 cuando fue asesinado por un súbdito inglés, Edgar Zollinger, amigo y trabajador de la familia Aparicio, aún cuando la decisión del magnicidio parece que fue personal.
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