El jazz es música de mezclas. Una de las más fructíferas y más popularizadas ocurrió con los ritmos latinos y caribeños.
Jorge Sierra
El jazz es música de mezclas. Una de las más fructíferas y más popularizadas ocurrió con los ritmos latinos y caribeños. Aunque por sus orígenes africanos han formado siempre parte del jazz, hubo que esperar los años cuarenta, para que la industria y el público en general le reconocieran. Hoy, el estilo cuenta con grandes exponentes como Eddie Palmieri, Arturo O’Farrill e Hilario Durán. El fenómeno es y ha sido tal, que el sello Putumayo no se quedó impasible y ahora presenta una colección con diferentes exponentes en el disco Latin jazz.
Debo ser franco. El disco no es un súmmum del estilo. Ofrece piezas que no son el mejor ejemplo estilístico de jazz latino, pero en contraste hay joyas. Para comenzar inaugura la lista de diez tracks, Congo mulence, a cargo de uno de los pioneros, el cantante y director cubano de los años cuarenta, Machito y del saxofonista Cannonball Adderley. Una vieja grabación de luminarias ya fallecidas.
Aquí, sorprende un saxofón dueño de una exuberancia y de una capacidad de comunicación que se expande a la clave latina. Otra es, Cha cha cha, a cargo de Tito Puente. La pieza ofrece un voluptuoso y además fresco trabajo orquestal. Un rico hallazgo en verdad.
Luego está la versión para ese clásico de George Gershwin, Summertime, a cargo del ya fallecido percusionista Ray Barreto. La versión se apoya además de una percusión cadenciosa, en los pizzicatos del violín, y de un saxofón y una flauta que bordean la rica sinuosidad de esta balada eterna.
Un registro fenomenal es también el trabajo del trompetista cubano Chocolate Armenteros, con su composición Trompeta en montuno, precisamente sobre la plataforma de este ritmo que arranca del son cubano a ritmo de 3x2. Las proezas trompetística de Armenteros son fantásticas tanto por su enjundia y maestría como por su musicalidad. Poco se conoce de este gran músico cubano que tocó con Benny Moré y Machito. Esta es la ocasión.
Por último, están el trompetista Brian Lynch y el pianista Eddie Palmieri, el Duke Ellington latino, con la composición Guajira dubois. La orquesta incendiaria con grandioso arreglo, acompaña a una trompeta brillante y vívida, un tanto rasgada, y a un piano agresivo cuyos solos recurre a un puñado de notas en forma de montuno, incorporadas con tino en el jazz.
El disco es un abrazo inesperado al jazz latino, y una muestra no de lujo, pero sí considerable del género, sobre todo dada a la escasa oferta que llega al país del mismo. Ya está a la venta en las diferentes tiendas de discos.
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