laColumna: El bobo de la caja
Una colega me confió hace poco que el semen es un excelente tratamiento natural contra las arrugas.
Picado por la curiosidad, y motivado por las posibilidades dérmico-eróticas del asunto, me puse a investigar un poco a fin de saber si había o no fundamento en ello. Sí lo hay. Resulta que las cabezas de espermatozoide son ricas en ácido hialurónico, un compuesto utilizado en cosmética por sus propiedades para absorber agua y reconstruir los puentes de colágeno que dan elasticidad a la piel. Buenas noticias, pues, para las señoronas fufurufas deseosas de retrasar el aparecimiento de patas de gallo y demás vestigios de deterioro facial: ya no tendrán que gastarse un ojo de la cara en cremas importadas, bótox y cirugías. Incluso las no tan pudientes –aunque igual de vanidosas– podrán disponer ahora de una forma infinitamente más divertida que el empleo de manzanilla, sábila y lanolina para conservar la lozanía del cutis. Habrá que superar, eso sí, el prejuicio idiota de asociar placeres con pecados. Habrá que desafiar, también, el discurso puritano según el cual la función del sexo es exclusivamente reproductiva (el único método infalible para evitar embarazos es abstenerse del fornicio, aseguran los peritos en moral ajena). Y habrá que demostrar que existen métodos anticonceptivos igualmente seguros y mucho más interesantes: el sexo oral, en este caso. Ahora que lo pienso, me gustaría saber qué opina al respecto el Cardenal, tan dado como es a comparar peras con manzanas y píldoras con balas (aquel desplante suyo estuvo como para ahogarlo, por demagogo, en una pila bautismal llena de semen de curas pedófilos). Como sea, si en algo insisten los sexólogos es en recordarnos que el mejor cosmético es una vida sexual activa y plenamente realizada. Agregar comentario: |
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