Temas de interés: elAcordeón“Caballeriza” retrato de la otra GuatemalaHace algunos meses que Rodrigo Rey Rosa, Premio Nacional de Literatura, presentó su más reciente trabajo literario. Una crónica casi autobiográfica sobre la Guatemala de hoy, donde la violencia, la pasión, la crueldad, las apariencias y la venganza son el pan de todos los días. Por: Mónica Luengas R.
A primera lectura es un retrato de Guatemala. Pero no de esa Guatemala que parece un parque temático, con su exuberancia, sus pirámides, sus colores y tejidos típicos; es un retrato de la Guatemala de “los ricos”, de los que tienen plata pero no necesariamente alcurnia, llena de camionetas ostentosas, pistolas cada vez más grandes, whisky de al menos 12 años y fincas de miles de hectáreas en algún lugar paradisíaco, donde la violencia, la pasión, la crueldad, las apariencias y la venganza son el pan de todos los días. Caballeriza, el más reciente libro de Rodrigo Rey Rosa es eso, una semblanza en blanco y negro de ese mundo, que todos sabemos que existe, pero que pretendemos pasar por alto.
Con los caballos como un hilo conductor entre personajes sumamente disímiles y basada parcialmente en hechos reales, Caballeriza comienza con la propuesta que le hace un típico abogado a un escritor prolífico y medianamente conocido: “Debería usted escribir algo acerca de esto”. Y es que Rey Rosa no es solo quien escribe, es el protagonista de esta historia en primera persona, que cuenta la historia de la fiesta de cumpleaños de un hacendado, en una finca en la bocacosta guatemalteca, donde, en medio de caballos finos, un río de alcohol, la ausencia de mujeres y el contacto con esta microsociedad, hay un estallido y el caballo de mayor valor muere. El escritor está ahí por casualidad, está acompañando a su padre quien es aficionado al mundo hípico. La trama sigue, es un thriller que en momentos pareciera ser una denuncia de ese mundo, de lo que se mueve en él. En la siguiente entrevista, Rey Rosa, ganador del Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 2004, nos cuenta acerca de esta novela. ¿Por qué ponerse como protagonista y no crear un personaje para que llevara esta historia? – Esa era la intención. Para mí era un experimento narrativo que consistía en ponerme a mí en primera persona, como el protagonista en una ficción. Como se lee la ficción hoy en día, todo el mundo cree que todo está basado en autobiografía. Ahora yo quise utilizar ese rizo, porque cuando he escrito otras cosas que para mí son claramente ficciones, la gente me pregunta: cuánto de mi vida hay ahí, etcétera. Era un poco jugar conociendo esa tendencia y lo divertido es que ahora vuelven las mismas preguntas. Es un juego con la verosimilitud y poniéndose uno en primera persona, es como una apuesta a que te van a creer y se disloca un poco el lugar donde uno se apoya para crear la ilusión de realidad. Por otra parte, para mí como un escritor que ya ha publicado un montón de libros, se convierte en un personaje más, era como económico explotarme a mí como personaje para no tener que explicar, sino simplemente decir soy yo y ahorrarme toda la parte de crear un personaje, porque un personaje se crea al paso. La novela está dedicada a su padre, de hecho él es un personaje más de la novela. ¿A él no le molestó? – Caballeriza comenzó como un experimento que empecé a escribir así. A medio camino, pensé en que tal vez era mejor cambiarle el nombre porque me parecía que podía ser un poquito comprometedor, que podía ofender a mi padre o a sus amigos y por eso dejé la opción abierta hasta último momento, cuando le di la novela a mi padre. Cuando se la entregué, yo le dije: “ahorita está así”. Luego de leerla, a él no le molestó en lo absoluto, incluso aunque yo fui un poco pesado con él y eso le hizo gracia. Entonces me puse a pensar: si a él le hace gracia, que los demás se aguanten. Si lo hubiera cambiado, creo que el resultado no hubiera sido igual, para mí hubiera sido bajarle un poco los kilates o la pureza, así que le agradecí a mi padre. A la larga el cuento no es tan importante, desde ningún punto de vista, como para que importe quién sea el protagonista, realmente son hechos banales. ¿De dónde sale la idea para el experimento? ¿O es por seguir una tendencia o una moda? – Yo no creo que sea moda, creo que es una tendencia del tiempo. No creo que sea moda porque es tan amplio y tan generalizado, igual que el género policíaco. Me parece que responde a la proliferación de la ficción por otros medios, es decir: la ficción como la del siglo XIX, de aventuras o de viaje, ahora está cubierta por el National Geographic. Entonces, los escritores hemos visto reducido nuestro campo a lo muy personal, que es un campo que nadie nos puede discutir, desde Proust se ve eso. Fue una verdadera astucia de los primeros que lo hicieron, darse cuenta cuál era el campo de acción donde nadie puede entrar y los que venimos detrás, estamos siguiendo la tendencia del tiempo. Creo que es un poco lo que le pasa a la pintura con la invención de la fotografía, que ya no puede pretender ser la que capta la realidad o un rostro, entonces tiene que buscar otras áreas. La autobiografía, o la experiencia autibiográfica como apoyo de la ficción, se ha vuelto el campo por excelencia del escritor, el otro campo es la locura total, pero aún no llegamos ahí. Me parece que desde hace un tiempo en su literatura se nota un acercamiento a Guatemala, esta novela no es la excepción. – Ya hace rato vengo haciendo eso, puede ser porque ahora paso más tiempo acá. Yo creo que desde Lo que soñó Sebastián y El cojo bueno, aunque esas son más coloquiales. Es simplemente la materia que tengo a la mano, en este caso es pura materia autobiográfica y anecdótica. ¿Cómo fue el proceso para escribir “Caballeriza”? – Partió de esa fiesta, que es la parte real. Al día siguiente, me puse a anotarlo porque era muy pintoresco y ahí me di cuenta que eso no iba a parar ahí. La idea como empieza la novela y es literal hasta cuando fue la explosión. Esa explosión la contó alguien en la fiesta, pero la historia era un poco diferente: un caballo muy fino fue quemado por unos ladrones que habían agarrado en una finca, luego los liberaron y ellos después se vengaron. De ahí en adelante, la novela se hizo sola. Además como que me despertó toda una parte de mi niñez, porque ese era un mundo muy familiar para mí, el hipismo. ¿Cómo fue el regreso a ese mundo? – Es crudo, es una realidad muy latinoamericana. Para los mexicanos, los venezolanos, los colombianos, etcétera, ha de ser la misma historia. Es ese híbrido español, latino, de gente de poder y dinero, de caballos; es una sociedad machista, homofóbica y a la vez homosexual, medio maricona. Esos machotes que de tanto machismo, rayan en maricones. Yo me alejé hace muchos años de ese medio y al volver, después de tanto tiempo, me pareció algo como para huir. ¿No le dio miedo publicar este tema así tan explícitamente? – Miedo no, pero sí el presentimiento. De hecho sí tuve alguna confrontación con esta gente, pero también nadie quiere darse tanto por aludido y se lo tienen que tomar como una broma, porque la literatura es una especie de broma seria. Habría que ser muy burro para pegarme por eso, aunque no faltará quién. Usted dice que la literatura es una broma, pero hay partes de la novela en las que se ve un tinte de denuncia. Por ejemplo cuando se ve cómo tratan a la mujer. – Creo que es una manera de evidenciar una situación, como todo lo otro, que es una crítica indirecta. Incluso esa gente que suele comportarse así, al leerlo, le puede chocar y decir “yo no soy así de cabrón”, pero en la realidad es posible que tal vez sirva en ese sentido como crítica. No hay esa intención de crítica directa, ni de censura, pero sí creo que hace parte de la tendencia moderna, que es simplemente mostrarlo, sacarlo de su contexto para que se vea como lo que es y no solo como una gracia más, porque aquí es un poco así. El machismo extremo, incluso el abuso a la mujer, se ve como una gracia entre machos y no como la violencia que es. Sacarlo de contexto y ponerlo en un libro donde destaque más, puede tener ese defecto. No creo tanto que la literatura tenga un efecto positivo sobre la gente, pero tal vez toda esa clase de señales, incluso como la prensa habla de eso hoy, hace que se vean más esas gracias como cosas de mal gusto. En eso sí hay una especie de censura pública común, que poco a poco va cambiando el comportamiento de la gente, es como trabajar con la corriente de humanización. Tiene que ver un poco con que la sociedad ha cambiado. La literatura medieval tiene muchos temas de violencia contra la mujer, pero cuando era leída en otros tiempos parecía normal, una gracia, ahora, conforme hemos cambiado, los textos se leen con otros ojos. Agregar comentario: |
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