Actualidad: EntrevistaUn encuestador no puede organizar a la sociedad para que vote como él piensa. Alberto de AragónHa pasado 33 años haciendo lo mismo: midiendo el pulso de fenómenos sociales y contiendas políticas. Alberto de Aragón habla en esta entrevista sobre las encuestas del actual proceso electoral. Por: Juan Luis Font/Claudia Méndez Arriaza
¿Cuál es el rol real de las encuestas en el proceso electoral?
–Informar al público de cómo van las preferencias. La encuesta es una foto, un indicador válido. Muchos políticos la usan para conseguir financiamientos en un país donde no existe financiamiento estatal. –Y estamos totalmente en desacuerdo con esa práctica, pero es verdad que sucede. ¿Realmente la encuesta predispone al votante a votar por el ganador? –No en la proporción que podría pensarse. Hemos hecho encuestas desde 1985 y se hacen bien desde esa época. Entonces nacieron como una iniciativa de la Cámara de Libre Empresa para vigilar el proceso y, en cierta forma, amenazar que ahora podíamos averiguar si se concretaba fraude en las votaciones. Y si el ganador atrae más votos, no es una cantidad que pueda ser significativa en porcentajes. En este momento muchas personas dicen, sobre todo candidatos que perdieron –Rigoberta Menchú lo dijo en el cierre de campaña-, que las encuestas predispusieron el panorama electoral. –Mi explicación es que es más lógico que un encuestador, mediante un procedimiento estadístico, llegue a lo que la sociedad piensa, y no que un encuestador vaya a organizar a la sociedad para que vote en los porcentajes que él piensa. ¿En qué tiempo podemos llegar a organizar 4 millones de votantes y decirles: este porcentaje, vote por Álvaro Arzú y este otro, por Roberto González? Las encuestas son exactas y no porque nosotros organicemos al universo, sino porque lo tipificamos. Hago la salvedad de que puede haber errores. Y qué bueno que toca el tema, porque la realidad en el presente proceso electoral rebasó, en varios casos, el margen de error. ¿Qué sucedió? –El margen de error debe ser normalmente de 3 puntos. Ahora bien, debemos pensar que el margen de tolerancia va en dos direcciones, hacia arriba o hacia abajo. Dos competidores pueden aparecer con 20 y 26, manejada la encuesta con un margen de error de 3, ese puede ser un empate técnico. Porque quien lleva 20 puede ascender a 23 y quien lleva el 26 puede descender a 23. Desde su punto de vista, ¿se sobredimensionó el ritmo de crecimiento de Otto Pérez Molina? ¿Qué ocurrió? –En varias encuestas, por momentos, Otto Pérez Molina superaba a Álvaro Colom. Mi percepción es que probablemente los hicieron empatar y quizá se trató, con todo respeto, de medidas más periodísticas que estadísticas. Sí creo en que existe un empate técnico, pero un empate exacto me pareció una película de suspenso. Recuerdo, por ejemplo, en 1985 el caso de Vinicio Cerezo, que crecía lenta y permanentemente. En segunda vuelta era previsible su fortalecimiento. En el caso actual, me sorprendía, por ejemplo, que las diferentes encuestas no coincidían en algunos casos, incluso con fichas técnicas compatibles, levantadas en las mismas fechas y con muestras similares, revelaban resultados diferentes. Y, en general, ahora parece un error de las encuestas no haber medido el crecimiento de último momento del tercer y del quinto lugar. –Mientras más pequeño es el resultado, más grande es el margen de error. Yo puedo decir que en Guatemala el 32 por ciento vota por el “Señor X”, pero no puedo llegar a la misma conclusión de que Chimaltenango votará por el “Señor X”, cuando mis entrevistas allí se redujeron a 20 o 50 casos. Es complejo tipificar un país con 12 millones de habitantes y requiere procedimientos minuciosos. Mi opinión es que Eduardo Suger creció, no vegetativamente, sino anormalmente, con la salida de Harold Caballeros. El fenómeno en el proceso es que la gente hizo una división de “buenos y malos” y tenía bien identificados a los “buenos” en ese imaginario popular. La salida de Harold provocó que su caudal se trasladara con Suger y eso no es fácil de medir como en casos de crecimiento normal. Y, ¿por qué resulta tan difícil medir al Frente Republicano Guatemalteco? El partido parece subestimado en las encuestas, pero en urnas su rendimiento es mejor. –Hace cuatro años, nosotros le dábamos en nuestra encuesta, contratada por Fundación Soros, 20 puntos al general Efraín Ríos Montt, el resultado final fue de 19.8. En Nicaragua, por ejemplo, hacíamos preguntas como: ¿Quién de los candidatos eliminará el servicio militar obligatorio? La gente respondía: Violeta Chamorro. Preguntábamos, ¿quién es la persona que mantendrá mejores relaciones con el sector privado? Violeta Chamorro. Y ¿quién mantendrá mejores relaciones con Estados Unidos? Violeta Chamorro. Pero cuando preguntábamos ¿por quién votará?, respondían: por Daniel Ortega. ¿Por qué? Promediamos las respuestas a favor de Violeta Chamorro y concluimos que era ganadora. En el caso del FRG, medíamos simpatías y la gente se inclinaba por Ríos Montt, pero los votantes sentían vergüenza y no respondían abiertamente después del “Jueves Negro”. Esta vez, la diferencia de lo que se pronosticó y lo que resultó en las urnas no es distinto: me atrevería a decir, además, que el voto del FRG no fue un voto por Luis Rabbé, sino el voto duro del partido. Mario Estrada era otro invisible. –Ese fenómeno es sencillo de explicar: él gana en Jalapa y la pregunta es ¿qué significa el departamento en el contexto nacional? Ese es el tipo de distorsiones que surgen, y en Guatemala es aún más atípico, porque debemos trabajar incluso con 24 variables, cuando en otros países es más sencillo trabajar con 2 candidatos. Significa que de cara a la segunda vuelta, las encuestas serán más precisas. –Mucho más. ¿Cuál es el panorama para segunda vuelta? –La clave está en la estrategia. Tenemos a Colom, un candidato que transmite ternura, y eso le permite sacarle poca ventaja a Pérez Molina quien, con su estrategia de “mano dura”, no cesa de crecer. Él no necesita prometer otra cosa, porque está ofreciendo solución a una de las principales preocupaciones de la población. El Partido Patriota (PP) tiene, además, un binomio excelente: el Presidente ofrece seguridad, y el Vicepresidente, trabajo. Es un buen binomio, el mejor del actual proceso electoral. ¿Cuál creen que era el peor binomio de la contienda? ¿Cuál? –Alejandro Giammattei y Alfredo Vila. Son productos muy parecidos, los dos representan lo mismo: niños citadinos, provenientes de una sociedad que los conoce. Lo que les hacía falta era combinarlo con una imagen rural. Álvaro Aguilar era perfecto porque había sembrado 20 mil árboles, estaba involucrado en el partido, tenía la imagen rural, fue además ministro de Agricultura. Esa era una combinación perfecta. Y Colom y Rafael Espada, ¿son un buen binomio? –Sí, porque Espada es un guatemalteco que ha vivido fuera del país, ha salvado vidas y es una figura respetada, aunque no es político. La oferta de los dos, por otro lado, es “Tu esperanza es mi compromiso”, una promesa intangible. En esta habitación, habemos tres personas con esperanzas distintas. Es obvio que en una contienda donde solo quedan dos, el panorama se polariza. Otto Pérez Molina parece haber escogido la contradicción menos irritante: él plantea que Colom es de izquierda y Pérez de derecha. ¿Es razonable esa selección? –Quizás está aprovechando la fragmentación de la izquierda, y si esa es la intención, puede estar bien, pero en su caso yo seguiría enfatizando en la promesa de seguridad. Son dos meses para la segunda vuelta y ahora empieza un nuevo juego. Si fueran solo dos semanas, la inercia marcaría los resultados. No empiezan de cero, pero deben empezar de nuevo, avanzar y evaluar. ¿Qué pasó con toda la gente que no votó por ellos? El 50 por ciento de la población no votó por ellos, es decir, más gente no votó por ellos que la gente que votó por ellos. La gente de Suger, por ejemplo, ¿por quién se inclina? ¿Por el bravo o por el bueno? Y ¿qué es más fácil? ¿Concentrarse en los territorios donde ganaron bien, o salir a conquistar el voto perdido? – Si caminas en un lugar donde de 10 gentes 7 te vitorean, las otras 3, a quienes no les gustas, se van o probablemente empiecen a aplaudirte; pero si caminas en un lugar donde 7 te abuchean, los 3 a favor tuyo se quedarán callados. Los gringos le llaman play with your strength, jugar con tus fuerzas: Pérez es más fuerte en zonas urbanas y el voto es más concentrado ahí; es un problema de Colom tener la fuerza en la zona rural porque es más dispersa. La promesa de Colom no puede competir con la oferta de Pérez, pero es un hombre capaz, con experiencia, y puede generar debate. ¿Es mito o realidad que el área urbana define al Presidente? -Existe la posibilidad de que varíe, porque ahora las mesas han llegado al área rural, pero resulta cuesta arriba porque la densidad poblacional cambia. Y es un poco difícil, porque los medios y la gente se concentran en áreas urbanas. Pero favorece a Álvaro Colom su maquinaria más eficaz, con más experiencia y más asertiva, que lo que demostró el Partido Patriota en su primera prueba. –Es cierto, eso facilitará la búsqueda de alianza local. ¿Es mito o realidad que si el “Alcalde X” le da la mano al “Candidato A” se da por contado que los seguidores le darán su voto? ¿Se endosan los votos? -Es un mito. El voto se endosa en proporciones pequeñas, el voto que realmente se endosa es el voto extremadamente duro. El del FRG, por ejemplo. –Ese es un voto duro, aunque mataran diez personas en un “Jueves Negro”, el voto los sigue a donde vayan. Aunque ellos están perdiendo trascendencia. Tenemos mucha emoción para las siguientes semanas. –Definitivamente, esto se pondrá interesante. Agregar comentario: |
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