El delirio amenazó seriamente las estructuras del estadio del Ejército.
Jorge Sierra
El delirio amenazó seriamente las estructuras del estadio del Ejército. Las ingentes huestes seguidoras del líder y cantante Enrique Bunbury, y de Héroes del Silencio, no soportaban un minuto más después de una hora de espera, para escuchar el tenso rock de la banda zaragozana que, después de casi 11 años de separación, vuelve a unirse y emprender el Tour 2007. Así, la noche del sábado 15, un poco más de 20 mil almas procedentes incluso de otros países del área, hicieron de esa noche, la velada de la nostalgia y del frenesí.
Los Héroes del Silencio irrumpieron en el espacio escénico en medio de algo sonoro que tenía misterio con que advertía el devenir de algo ampuloso, espeso, con intervalos gótico–sicodélicos. Y así fue. El encuentro estalló con los primeros acordes de El estanque, que tuvo como fondo imágenes del mar (quizá en alusión a El mar que no cesa), proyectadas en pantallas gigantes horizontales que, en lo sucesivo, mostraron otras estampas acorde a las canciones (cartas del tarot, símbolos religiosos, escritos en sánscrito, etcétera).
Bunbury, embutido en unos pantalones y chumpa negras, sacó una voz engolada y poderosa, aunque menos dramática. Pugnó en efecto por hacerse oír, porque la inmensa mayoría del respetable sabía las letras y las cantaba con él.
Joaquín Cardiel (el bajista) y Pedro Andreu (batería) mantuvieron la base y la motivación que se espera de un grupo que ha estado en la cresta de la fama. Más, a lo largo del concierto, no encontraron siempre el eco esperado en los hermanos Valdivia, Gonzalo y, en particular, Juan.
Ambos perdieron presencia y el método de trabajo. Sus guitarras tuvieron ese déficit de chispa, de entrega y de contundencia.
Otro aspecto, fue que el grupo disimuló la monotonía, rítmica y armónica de las canciones, siempre sujetas a un mismo patrón que acaban por cansar y hacer repetitivo el repertorio. Por lo mismo, el set acústico cayó como anillo al dedo, tramo durante el cual se escucharon, entre otras, Herida y No más lágrimas.
Aparte de técnica instrumental y de problemas interpersonales (que causó ausencia de cohesión), se logró encender por ratos la unión entre los músicos y el público, que es lo que puso emoción a la noche. Una emoción y un fervor que tuvo como cierre, En brazos de la fiebre.
Puede decirse que fueron dos horas con sorpresas visuales que no se vieron ni se oyeron cómodamente, pero que no frenó la creencia por ratos, que se estaba frente a un mar de decibelios de rock que nunca cesará. Aunque tristemente se aviste ya su inminente fin.
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2 comentarios:
mario figueroa: (2007-09-21 15:09:56 horas)
pero y no en la prensa d ayer dicen q fue un concierto "pa que mis tenis" porq hicieron playback y no cantaron bien y hubieron clavos afuera y no se q mas ondas.....
Oscar Raimundo: (2007-09-21 08:52:16 horas)
Quizás sea un ignorante en detectar cohesión y fallas dentro de acordes musicales tal y como en tu columna dices jorge, pero realmente al final de cuentas creo que como fan de los héroes del silencio es un gran gusto ver tocar después de 11 años quizás no con el mismo ímpetu del 96 pero si con el mismo sabor que al final de cuentas se gozo!! Me gusto mucho el concierto de héroes ver como 5 personas hacen vibrar a mas de 20 mil almas creo que no cualquier artista por ejemplo, artista nacional pueda hacer. Es bonito estar en un concierto de este tipo y no solamente escuchar por más de 11 años un mp3 de ellos a verlos en el escenario deleitándonos con las canciones que conocemos y que coreamos con gran emoción. Como dices jorge es el fin quizás inminente que no lograron hacer de esta agrupación algo mucho mas grande de la capacidad que tenían por diferencias pero al final de cuentas si nos regalaron dos horas pues había que disfrutarlas no importando las deficiencias o problemas que presenten :-) (este símbolo tiene 25 años!)
Saludos!
2 comentarios: