Los afectados las reciben no con el cerebro sino con el hígado.
Carol Zardetto
En estos últimos tiempos observar la manera en que algunos guatemaltecos reaccionan frente a las ideas que les son expuestas me ha sobrecogido. Una gran mayoría está infectado de la enfermedad que he bautizado “violencia de las ideas”. Los afectados por el síndrome las reciben no con el cerebro como es natural, sino con el hígado. Se encolerizan, se tornan agresivos. ¡Cómo si una sencilla idea pudiera derrumbar la torre petrificada detrás de la cual se han resguardado!
La reacción que sigue a la ira es el ataque al pensador. En lugar de combatir las ideas con argumentos organizados con inteligencia, se procede a la descalificación de la persona que la profiere: es comunista (o fascista), es ignorante (o sabiondo) es “light”... Ya desde la secundaria estudiábamos que a esta práctica se le llama falacia y que es la mejor manera de caer en los brazos del oscurantismo.
¿Qué esconden los guatemaltecos que así reaccionan? Pues un pensamiento rígido basado no en convicciones profundas que permitirían un juego libre de las ideas, sino en frágiles prejuicios que deben ser defendidos hasta la irracionalidad. La cólera y la agresión son los impulsos que catapultan desde la torre sus enormes rocas para que ninguna nueva idea se acerque.
Más abajo está el temor. El miedo a las ideas ha causado estragos a lo largo de la historia humana; en Guatemala nos tiene bajo el cepo de la ignorancia. Los enfermos de este síndrome permanecen aferrados a “verdades” que no admiten ninguna discusión, bajo la esperanza que los salven del mundo y sus terrores. La idea planteada los desafía ¿qué hacer? Pues ni más ni menos que el más rastrero de los recursos: el irrespeto a la dignidad del ser humano que se expresa. Detrás del irrespeto al otro está escondido el irrespeto a sí mismo. Los descalificadores tienen muy poca autoestima, mucha rabia y la trasladan al persistente hábito de insulto a quienes osan pensar distinto.
Si usted se reconoce como enfermo del síndrome descrito, haga un sencillo ejercicio: la próxima vez que una idea lo irrite trate de llevarla intencionalmente desde su hígado hasta su cerebro.
Tranquilícese, ningún daño le sobrevendrá de observar y comprender la idea objetivamente. Trate de ver sus ángulos positivos y sus ángulos negativos. Si aún no le gusta genere argumentos inteligentes y honestos en contra. En el camino trate de ver a quién profirió el pensamiento que le molesta como un ser humano digno de respeto y atención. Nunca lo insulte, pues el hacerlo habla mal de usted mismo.
Finalmente, permítase el lujo de aceptar una idea diferente como algo valioso, o mejor aún, permítase el lujo de cambiar sus propias ideas: a eso se llama evolución. En el camino, nos hará a todos un favor, pues la paz social no se construye a base de violencia o represión (empezando por la de las ideas).
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4 comentarios:
Oscar Raimundo: (2007-09-21 13:42:10 horas)
Respecto a la columna que publico Carol, es feo ver como las personas reaccionan con el hígado cuando hay una idea diferente a la de ciertas personas, también es cierto que acá en el periódico hay muchas personas que reaccionan así hablando con palabras bastante complejas pero al final va de tras un insulto a la nueva idea o a la forma de pensar de la otra u otras personas, quizás también sea cierto q uno no puede venir y reaccionar de una forma objetiva frente a una situación depende quizás del estado de animo de las personas pero también a mi parecer es feo ver como la gente se pone a discutir por ciertas ideas o por la columna que escribe alguien, porque mejor nos dedicamos a aceptar la evolución como tu dices, lastima que en Guatemala hay personas que creen que lo saben todo y por eso tienen derecho a insultar a cualquier otra persona que quizás no sabe expresarse adecuadamente o da una idea diferente, que mal.. Somos guatemaltecos, pero tu método para no reaccionar como muchas personas, es buena :-) pongámoslo en practica y empecemos nosotros los que leemos el periódico para enseñarle a las personas que nos rodean a tratar de aceptar que cada persona es un mundo totalmente diferente al de nosotros.
Saludos
Antonio Rosales: (2007-09-21 09:23:30 horas)
Aqui en los blog de El Periódico hay varios que padecen ese mal, esperemos Carol que hagan el ejercicio que usted propone, hoy viernes parrandeen y se echen los tragos, se relajen el fin de semana, y la próxima semana puedan criticar o aportar ideas sin el hígado en las teclas de la computadora.
Rolando Alecio R.: (2007-09-21 08:47:25 horas)
La historia de desigualdad de nuestro país ha llevado a la polarización del pensamiento social; es decir, que las ideas que sustentan el modelo económico y político hegemónico, también han justificado la desigualdad social. Cuando a esta estructura de pensamiento antagónica se agregan fanatismos políticos, etnicos, culturales, religiosos y de otra índole, el panorama se complica y esa "violencia de las ideas" se concretiza en las relaciones sociales, en el modelo de sociedad en que vivimos los guatematecos.
Andrés Zepeda (el bobo de la caja): (2007-09-21 08:25:51 horas)
Carol: el "hígado" del que usted habla se encuentra también en le cerebro.
No creo que sea posible (ni deseable) barrer con la violencia a fuerza de eufemismos y pensamientos edificantes. lo que corresponde es plasmar esa misma violencia expresandola de maneras menos destructivas. El humor, en ese sentido (el huimor negro también, que conste) juega un papel indispensable.
No es posible ir por la vida sin ofender a nadie... a menos que se esté lieral o metafóricamente muerto.
La objetividad es un mito (y para muchos un dogma) que conviene destronar por el bien de la humanidad y de su esencia eminentemente contradictoria.
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