Hay dos aspectos en los que ciertos políticos norteamericanos, demócratas y republicanos, se parecen cada vez más a la ultraderecha europea: el rechazo a los inmigrantes y la condena al libre comercio internacional. Esas son causas que en Francia defienden Jean–Marie Le Pen, en Alemania Peter Malborn, en Italia Roberto Fiore y en Austria Jorg Haider, todos acusados de fascistas por la izquierda. Son causas, además, que traen bajo el brazo un copioso botín electoral. Suelen ser muy populares y tienen el apoyo de una curiosa combinación entre conservadores, sindicatos, y simples miembros de las clases medias asustados por la creciente diversidad étnica.
En Estados Unidos esa tendencia, tal vez decisiva en las próximas elecciones, agrega un comprensible componente psicológico: puede ser también una reacción al rampante antiamericanismo que se observa en el planeta. A mayor odio general contra los estadounidenses, surge más rechazo a los extranjeros dentro del país y gana terreno el desinterés en las relaciones internacionales.
Es una curiosa paradoja: en medio de las loas oficiales a la globalización, y cuando Estados Unidos está más imbricado que nunca en la economía mundial y posee un 29 por ciento del PIB de los terrícolas (hace 15 años era un 20 por ciento), ha surgido una variante del tradicional aislacionismo norteamericano y cada día que pasa tiene más apoyo entre los electores. Tampoco ayuda, por supuesto, la reticencia de los enemigos de la libertad económica en países como Costa Rica, donde una buena parte de los electores se opone al Tratado de Libre Comercio.
El mundo vivió un fenómeno parecido en el último cuarto del siglo XIX hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914. En ese período −la gloriosa belle époque− se liberalizó y multiplicó el comercio internacional, y se produjo una extraordinaria explosión de creatividad, mientras millones de emigrantes se desplazaron a las naciones en pleno crecimiento generando una impresionante cantidad de riqueza. Pero con el comercio libre y la estampida migratoria simultáneamente se desataron los miedos al extranjero, el nacionalismo económico y político, y un peligroso espíritu agresivo que eventualmente evolucionaron hacia el fascismo, el nazismo y el comunismo, frutos todos del frondoso tronco socialista.
Hoy el panorama es diferente, pero coincide en un aspecto: los enemigos de la libertad se han reagrupado tras la debacle del fin del comunismo y atacan muy eficazmente al mercado y a las instituciones de las democracias liberales desde diversos ángulos. Por eso es tan importante que en las próximas elecciones norteamericanas llegue a la Casa Blanca un político −hombre o mujer− que entienda el inmenso peligro que sería sumarse a la corriente aislacionista que va cobrando cierta fuerza en el mundo. Lo peor que podría suceder sería que se paralizara o involucionara el proceso de integración internacional que parecía existir hace apenas unos años. Habría que posponer el sueño de un universo próspero y pacífico que en la década de los noventa estaba al alcance de la mano.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Ataques personales, insultos, acusaciones o faltas de respeto
Mensajes incoherentes, sin objeto alguno o comerciales
Mensajes con spam, lenguaje sms o escrito todo en mayúsculas
Mensajes con contenido racista, sexista, o cualquiera que discrimine
Mensajes de contenido pornográfico
Piratería, o mensajes que permitan el uso ilícito de material con derechos de autor
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
2 comentarios:
Irma Rodrìguez: (2007-09-26 22:07:12 horas)
Es esperanzador el hecho de que buena parte del pueblo norteamericano se interese mà s por conocer y pronunciarse en contra de las polìticas imperialistas de La Casa Blanca, que tal pareciera que da "patadas de ahogado", por ejemplo en la ùltima intervenciòn de G. Bush en la ONU, reiterando su antiguo discurso en contra de Cuba por violaciòn de derechos humanos, bien dice el refrà n "ve la paja en el ojo ajeno y no siente la viga en el propio"
Antonio Veliz: (2007-09-26 06:16:49 horas)
Con la llegada al poder de G. Bush en 2001, los neoconservadores desplegaron su teoria de que la unica superpotencia debia adoptar abiertamente una postura imperialista, incluyendo las operaciones militares preventivas y unilaterales. La imposicion de la democracia en el extranjero a punta de pistola, la neutralizacion de cualquier pais o bloque de paises que podrian desafiar la supremacia militar de EE UU y la vision de un medio oriente democratico que abasteceria de todo el petroleo que quisieran. Pero la decadencia imperial,lenta e inexorable se esta acelerando con el fracaso de la invasion a Iraq, no poder someter a una pequeña nacion, luego de una decada de bloqueo, no pueden estar en condiciones de poner orden en los asuntos mundiales. Para los Neocons solo la fuerza militar puede revertir la decadencia de una potencia que ya no es temida y, por ello, enfrentara cada vez mas y mayores desafios.
2 comentarios: