Opinión:
Motivar la participación de las mujeres en los procesos eleccionarios ha sido un compromiso de organizaciones nacionales e internacionales. En un país como Guatemala, donde más del 50 por ciento de la población es indígena y de ese total el 61 por ciento vive en áreas rurales, es un reto promover que las mujeres indígenas –que son entre el 50 y el 55 por ciento de la población de sus comunidades– participen en la conformación de comités cívicos, que escalen en los partidos políticos y que asuman cargos en las planillas municipales como alcaldesas, concejales o candidatas a diputadas.
Al revisar la lista de los candidatos es obvio que la situación ha cambiado y cada vez hay más mujeres indígenas participando. Sin embargo, cuando analicé quiénes eran las postulantes, encontré que algunas candidatas indígenas a diputadas fueron colocadas porque tienen vínculos familiares con algún dirigente del partido. En otros casos, sus familiares negociaron con la dirigencia del partido la casilla. O sea, no se realizó un proceso transparente en el que se ganaran el espacio en base a compromiso y recorrido. Algunas ganaron la curul y serán las nuevas congresistas, pero aunque más mujeres electas es un paso importante, tengo dudas de su independencia política para impulsar una agenda a favor de la mujer y de los pueblos indígenas. De igual forma con las concejalas. Identifiqué casos donde el candidato a alcalde colocó a mujeres indígenas porque necesita un corte y un güipil en las reuniones de concejo, alguien que no cuestione sus decisiones o negocios, sino que solo avale. Hay casos trágicos, pero ¿quién es responsable? El sistema “democrático”, ellas por aceptar sabiendo el mecanismo deshonesto, los partidos políticos o la corrupción de los líderes. No hay respuestas únicas, pero es evidente que el juego electoral permite y promueve el uso y abuso de algunas mujeres indígenas en detrimento de ellas, de sus pueblos, pero a favor de los hombres y del sistema. En algunas comunidades la violación a la dignidad de la mujer indígena fue extrema. Allí llegaron los partidos que puntearon y en su ambición por los votos regalaron delantales con billetes de Q50 o Q100, cortes de la peor calidad, güipiles o blusas corrientes y algunos más insolentes camisones, brassieres y blúmeres. ¿Qué más abusos tienen que enfrentar las mujeres indígenas para denunciar la ilegalidad de este proceso electoral? Agregar comentario: |
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