Opinión:Otra vez la PolicíaEl asesinato de El Gallito golpea a la ministra de Gobernación y le demuestra que está rodeada de asesinos. Por: Dina Fernández
El asesinato de los cinco muchachos del barrio El Gallito, cuyos cuerpos aparecieron la semana pasada entre los matorrales de El Naranjo, ha venido a enturbiar el ambiente electoral.
La investigación está en curso y ojalá la Oficina de Responsabilidad Profesional y los fiscales del Ministerio Público cumplan por una vez con su trabajo y demuestren con absoluta contundencia cómo participaron en este crimen los acusados Wilson Tobar y Sabino Ramos, que para variar son dos policías con una hoja de servicios intachable (¡a ver si no estaban entre los recomendados para integrar la CICIG!). Tengo entendido que por el momento los investigadores siguen varias hipótesis para explicar estas muertes que tienen pinta de ser verdaderas ejecuciones extrajudiciales, perpetradas con una alevosía insolente: sin un pasamontañas, a plena luz del día y hasta haciendo uso de los recursos y las armas de las fuerzas de seguridad. Resulta obvio de entrada que el crimen tiene graves implicaciones políticas, tanto así que ya se ha hablado de un “complot” en contra de la actual ministra de Gobernación, Adelita de Torrebiarte. Para fortuna de la ministra, el triunfo del cantante Carlos apagó la efervescencia de este asesinato múltiple y nos hizo olvidar momentáneamente que volvemos a tener pruebas contundentes e irrefutables de que nuestras fuerzas de seguridad están cundidas de matones. Hay que reconocer también que la inmediata decisión de la ministra de pedirle la renuncia al director de la Policía, Julio Hernández, fue afortunada. Al menos prevalece la ilusión de que puede darse un espacio de independencia para investigar el crimen, en el cual se ha dicho, participaron dos o tres policías más que siguen prófugos. Aunque sea en el plano simbólico, esta crisis ha sido mejor manejada que la de los diputados salvadoreños, en la cual la cúpula del Ministerio cerró filas para defender a sus cuadros más cuestionados. Pero eso es solo el principio: ahora vamos a ver si en realidad existe voluntad política para escudriñar las cloacas de la Policía y si todavía es posible limpiar toda esa cochinada que se ha incrustado en el sistema, alimentada de compadrazgos y lealtades, pago de favores, chantajes y colas machucadas. Una de las fotografías de la conferencia de prensa donde se anunció la remoción del cargo del director Julio Hernández refleja muy bien la fragilidad y la desolación que ha de vivirse en la cartera del interior. La ministra De Torrebiarte aparece serena, pero más pálida que de costumbre, mientras el viceministro Vinicio Gómez se lleva las manos al rostro y parece a punto de estallar en llanto. Con este golpe, las mafias han demostrado la magnitud de su poder: muy cerca de las máximas autoridades, entre su misma guardia pretoriana, existen elementos cooptados por el crimen organizado, sicarios fieles y obedientes que no dudan en hacer “trabajitos” y a quienes no les importa que los agarren en flagrante delito. Después del asesinato de los diputados salvadoreños –tan similar al crimen de El Gallito, salvo que aquí las víctimas carecen de pasaporte diplomático– la ministra debía entender a dónde se estaba metiendo. Pero como dice la sabiduría popular, no es lo mismo “verla venir que bailar con ella”. Me imagino que ha de sentirse muy sola en este momento, ajena a la lógica y las redes de ese submundo que ahora dirige, presta a desconfiar de su propia sombra. No podemos olvidar tampoco que el mismo día que aparecieron los cadáveres, el candidato de la UNE, Álvaro Colom, elogió los esfuerzos de institucionalización de la ministra y afirmó que le gustaría conservarla en el puesto si resultara electo. Yo suelo desconfiar de las “teorías de la conspiración” en Guatemala, no porque dude de la vocación para el horror de nuestras fuerzas de seguridad –de eso no necesito más evidencia– pero me consta que hay mucho de mito acerca de sus capacidades logísticas y operativas, las cuales muy a menudo están limitadas por una torpeza digna de ‘Mr. Bean’. Hecha esa salvedad, no podemos obviar que la coyuntura en la cual ha ocurrido el ajusticiamiento de los muchachos de El Gallito pone a sospechar a cualquiera. ¿Habrá algún mafioso jugando a la política, dispuesto a revolver el río antes de la segunda vuelta o a saldar cuentas antes del cambio de Gobierno? La duda está ahí y no se puede descartar. Lo único que en este asunto está claro es que el jefe de la CICIG, Carlos Castresana, tiene que arrancar aquí su primera investigación. No lo envidio. Agregar comentario: |
Más en esta sección
Mas enviados
Los más leidosLos más comentados |
23 comentarios: