La política sin la ética se traduce en una acción humana vacía, vana, sin fruto, malograda.
Mario Fuentes Destarac
Hace unos días, alguien me detuvo y me dijo que seguía con interés mi trayectoria profesional, así como mis modestos aportes cívicos en beneficio de la institucionalidad democrática. En el intercambio, me dijo que “la bendita ética” que regía mi conducta siempre sería un obstáculo para que yo pudiera nadar como pez en las turbulentas aguas de la política.
La ética es el conjunto de reglas morales que rigen la conducta humana, cuyo contenido está determinado por los principios y valores relativos a la virtud, a la rectitud y al bien ser en general.
De suerte que si “la bendita ética” es un obstáculo para la acción política, entonces solamente se puede concluir que existe un divorcio real entre la política y la moral. Esto supondría que es válido aquel viejo consejo que dice: En política debe actuarse siempre con el cuchillo adelante y el alma atrás. Luego, también debe suponerse que en el juego del poder no tiene chance alguno quien cree que la acción política se sujeta a guías y orientaciones de carácter moral y que, por consiguiente, no deben admitirse actos y conductas que no privilegien el servicio, la lealtad, la justicia, el respeto y el Derecho.
En estricto Derecho Político, el ejercicio de la política va precedido de idearios, aspiraciones altruistas, programas y planes serios y responsables, y su finalidad es resolver o facilitar la solución efectiva de los problemas sociales. Por tanto, la ética es inherente a la política.
En mi opinión, la política sin la ética se traduce en una acción humana vacía, vana, sin fruto, malograda. Sin duda, es el equivalente a la politiquería, es decir a maniobrar sin escrúpulos en el proceso de alcanzar el poder, a tratar de política con superficialidad y ligereza e, incluso, a asumir la intriga, la bajeza y la traición como parte de las reglas del juego.
En Guatemala, la politiquería es lo que impera y, por ende, existe la falsa creencia en que la política es sucia y que los que se interesan y participan en el manejo de la cosa pública son malintencionados corruptos. De ahí también que se crea que “la bendita ética” es un obstáculo para que la gente que rige su conducta por reglas morales pueda incursionar con éxito en el juego del poder, ya que en política todo se vale menos perder.
Empero, soy optimista y tengo fe en el cambio, porque los guatemaltecos, especialmente los jóvenes, se ven a sí mismos como personas honestas y trabajadoras; y asimismo repudian los pecados de la política.
La “bendita ética” debe ser la norma en política y no un impedimento para que la gente con principios, valores y virtudes se interese y participe en las cuestiones relativas al Estado.
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3 comentarios:
josue augusto perez figueroa: (2007-10-01 18:01:03 horas)
La etica no tiene en cuenta los lazos sanguineos, economicos, religiosos, etc. La lealtad, por ejemplo, no puede tener un valor etico cuando la lealtad es requerida por alguien que financia una campana politica. Quien va a financiar a un politico que no adquiere un compromiso con quien lo financia?
La politica, hoy en dia, es un juego de intereses, sean economicos, politicos, religiosos, etc.
El Pathos es contrario al Ethos.
Miriam Guerra de Reyes: (2007-10-01 17:03:42 horas)
¿Cual será la causa de que la política se haya degradado en politiquería en nuestro país? ¿Desde cuándo los gobernantes en turno manejan el Estado de Guatemala como propiedad privada? ¿Será que algunos funcionarios públicos se sirven del Estado en lugar de servirlo y los que no lo hacen son pendejos?
Carlos González: (2007-10-01 14:13:48 horas)
¿Así le dijo, maestro? ¿Sus modestos aportes cívicos? ¡Ridículo! Si usted deveras los pensara "modestos" no escribiría. Dejarse de dobleces us fundamental ¿ O no?
3 comentarios: