Opinión:Los demonios están sueltosGracias a la absoluta y total incapacidad de las fuerzas de seguridad del Estado, los guatemaltecos nos encontramos en medio de una violencia exacerbada y degradante. Por: elEditorial
La percepción generalizada es que todos los demonios están sueltos y que las cosas en vez de mejorar empeorarán.
Estamos presenciando y sufriendo los asesinatos más execrables de nuestra historia. Con horror estamos viendo cómo se mata a niños inocentes con crueldad y ensañamiento brutales, que nos dejan estupefactos y destrozados emocionalmente. Conmocionados, también nos percatamos día a día de la barbarie con que la gente está linchando a presuntos delincuentes, así como de las incontenibles ejecuciones extrajudiciales planeadas por autoridades estatales como parte de una política pública de exterminio (limpieza social), y de los renovados ataques homicidas contra pilotos del transporte público. Por si lo anterior fuera poco, la violencia política está llegando a niveles insospechados. Como no existe ningún castigo para los responsables, las disputas entre políticos y las purgas internas en los partidos se están dirimiendo mediante el asesinato del adversario o disidente. Casi todos los días tenemos noticias de nuevos atentados y decesos de dirigentes, militantes y activistas. El reciente asesinato del militar Giovanni Pacay también ha causado desasosiego y temor entre la ciudadanía. Además, ha generado todo tipo de especulaciones y ha enrarecido todavía más el ambiente político. Por supuesto, se anticipa que las investigaciones a cargo del Ministerio de Gobernación no llegarán a nada y lo más seguro es que el crimen permanecerá en la más absoluta impunidad y olvido. Sin embargo, no solo estamos viviendo muerte y hechos de sangre, sino también asaltos y saqueos de viviendas, oficinas y comercios, secuestros, violaciones, robos de vehículos, tráfico de seres humanos, extorsiones, estafas, fraudes, etcétera. El Gobierno se limita a aceptar que ha fracasado la depuración de la Policía y que no puede erradicar las “gusaneras” en el sector público, es decir los temibles cuerpos ilegales y aparatos clandestinos de seguridad que operan con impunidad y al margen de la ley. El caos reinante no se solucionará por medio del simple cambio de autoridades policiales. Es necesario que se diseñe e implemente una política criminal cuyo objetivo no solo sea reprimir el crimen, sino también prevenir el delito. Esto no lo hizo el actual Gobierno. Prefirió los atajos a la ley. Agregar comentario: |
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