Pocos escritores pueden escribir una obra como Nieve, la extraordinaria novela del Premio Nobel de Turquía Orhan Pamuk.
Méndez Vides
Pocos escritores pueden escribir una obra como Nieve, la extraordinaria novela del Premio Nobel de Turquía Orhan Pamuk.
El protagonista se llama Ka, un poeta destemplado que tras vivir en el exilio en Alemania retorna a Kars, una ciudad dividida, que en buena manera me recuerda algunos de los síntomas que por aquí nos sacan ronchas.
En Kars todos viven enfrentados, los turcos separatistas luchan para que las mujeres empañoladas se descubran la cara, y los musulmanes tradicionalistas promueven lo contrario, mientras los kurdos se defienden de todos. La religión separa al pueblo.
Para unos el progreso es occidentalizarse, convertirse en europeos, mientras que para los otros lo importante es permanecer en lo suyo, como lo que son y han sido por siglos.
Kars es una bella ciudad empobrecida, con sus viejos edificios del tiempo del Imperio Ruso, convertidos en restaurantes, ventas de productos plásticos, comercios en decadencia que por momentos queda oculta bajo el resplandor de la nieve.
Las mujeres han adoptado como medida heroica oponerse a la obligación que se les impone de descubrirse, quitarse el charshaf, para integrarse al mundo occidental. En la universidad las obligan a descubrirse o son expulsadas. Los padres les piden que se adapten, y ellas se suicidan en un acto ejemplar que imitan otras.
Prefieren morir antes que entregar el velo. Y Ka llega a realizar un reportaje para la prensa de Estambul, mientras se busca a sí mismo en las raíces de su nacionalidad, y busca a la novia de juventud, Ípek.
Capítulo tras capítulo, el autor nos deslumbra con una serie de anécdotas insospechadas, donde nada es previsible. Ka visita un diario y el director le muestra la edición de dos días más tarde. Antes de que sucedan los acontecimientos ya la prensa los anuncia, y así se entera de que será protagonista en la transmisión en vivo desde el teatro municipal, ya que participará leyendo el poema Nieve.
Ka no ha escrito nada en años y se niega y ofusca, pero las condiciones lo obligarán a cumplir con su destino. El grupo de teatro representa O la patria o el velo, pieza que provocará el estallido fugaz de la revolución. La novela es amena y rica, sorprende por el ingenio y atrapa al lector, que por días no puede dejar suelto el grueso volumen.
Los acontecimientos son sociales, pero los hechos afectan a los individuos. Una anciana inventa un helado con sabor a canela que enloquece a todo el mundo, pero que envenena a quienes no son kurdos. Hay un guerrillero llamado Azul, a quien nunca atrapan los aparatos de seguridad, aunque lo siguen y escuchan todas sus conversaciones.
Un actor de teatro alcanza la fama repentina hasta que es aborrecido y abominado. Esta novela es un delicioso manjar para los lectores inquietos, y no tiene desperdicio.
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