A raíz de una consulta que un mi cliente me hizo sobre un requisito exigido por autoridades de la SAT para recibir papelería, me dirigí al departamento jurídico de la Superintendencia de Administración Tributaria, a solicitar a mis “colegas” que me aclararan la duda. La recepcionista que me atendió me indicó que los abogados solo veían “casos” y que esas consultas no las resolvían y que fuera a la Intendencia de Recaudación. En la citada intendencia me recibió una persona educada y gustosamente me dio la información que yo necesitaba y, encima de todo, me indicó la forma de resolver el problema. En Estados Unidos, a los abogados les llaman “tiburones”; acá en Guatemala, se les debería de llamar “chuchos” (porque chucho sí come chucho, pues al colega ni los buenos días). Agradezco la atención –cordial y adecuada– del no abogado y, como moraleja, espero yo tratar en mi bufete, lo mejor que pueda, a mis colegas para no volverme “chucho”.
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