El servicio público está sujeto a los vaivenes de la política partidista.
Mario Fuentes Destarac
En Guatemala, el servicio público no está estructurado y organizado sobre la base de una carrera de servidor público, regida por el mérito y la ética, que garantice a los burócratas profesionalización, estabilidad y certeza.
Luego, el servicio público está sujeto a los vaivenes de la política partidista. Tanto es así que cada cuatro años, o sea lo que dura el período presidencial, la incertidumbre y la inestabilidad se apoderan de los burócratas, dado que el cambio de Gobierno podría redundar en la pérdida de sus empleos.
En virtud de la gran incidencia que tiene el voto de castigo contra el Gobierno de turno en nuestro país, la historia registra que ningún binomio presidencial oficialista ha ganado las elecciones desde que se inició el actual proceso democrático (14 de enero de 1986). De suerte que siempre han ganado las elecciones binomios presidenciales opositores.
Invariablemente, los nuevos gobiernos se inician con la colocación de su gente en el sector público; y, para el efecto, crean nuevos puestos o sustituyen a los burócratas. Las estadísticas dan cuenta que, a excepción del magisterio, la rotación de personal es del orden de, por lo menos, el 60 por ciento, es decir que más de la mitad de los burócratas pierden sus empleos bajo un nuevo Gobierno.
Ocurre, entonces, que, por un lado, la afiliación y la financiación a los partidos se deban, en gran medida, a la oportunidad de empleo que implica; y que, por el otro, los burócratas se dediquen a defender sus puestos de trabajo, por supuesto no a base del mérito y de la ética, sino que a través de vincularse o “conectarse” a los potenciales nuevos gobernantes. La norma es que quien no está “conectado” pierde su plaza.
Esto último es un proceso patético, que muchas veces raya en lo vergonzoso. Los burócratas tratan a toda costa de quedar bien, ofrecerse, someterse, aportar, apoyar o venderse como piezas indispensables. También los ex burócratas que intentan retornar al sector público se empeñan en estos desafortunados menesteres. En fin, se hace todo lo necesario para ser visto como incondicional o como gente que puede ser útil.
Sin duda, entonces, la dignidad del servicio público se ve menoscabada por esta malsana politización. En vez del merecimiento y de la moral, se favorece el nepotismo, el compadrazgo, el clientelismo político, la recomendación y, por supuesto, la corrupción.
Si no se quiere que la misma historia se siga repitiendo, debe instituirse la carrera de servidor público, sustentada en el mérito y la ética, que potencie la profesionalización, la integridad y la administración por objetivos.
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4 comentarios:
Jerónimo Bollen: (2007-10-08 14:44:03 horas)
De acuerdo con los señores Cosillo y Díaz. Me imagino que el dr. Fuentes Destarac ha tomado ese 'detalle' como una condición 'sine qua non'. Al final, son los ministros y directores departamentales, etc., quienes imprimen el sello político del gobierno de turno. Aunque no tenga que ver directamente, me pregunto ¿si la diferencia entre los funcionarios políticos y los técnicos (que sí deberían permanecer) es la misma que la diferencia entre los funcionarios que no o sí tengan derecho a prestaciones laborales? (Ojalá que hubiera más discusiones de este tipo en este foro, en vez de las gritaderas que a veces hay...)
Manuel Lopez: (2007-10-08 08:12:26 horas)
parte de esto también puede ser la corrupción a la que tienden los burócratas, como saben que en 4 años es muy posible que pierdan el chance mejor se dedican a vagar y a sacar todo lo que pueden.
Carlos Humberto Dìaz: (2007-10-08 07:30:13 horas)
Desde la Ciudad de los Palacios Mèxico, los saludo; en su momento le he enviado la Hipotesis que estoy fomentando para nuestra nacion: "Democracia Administrativa Constitucional" en la que sostengo que las Universidades del paìs sean promotores de la "Carrera Administrativa del Funcionario Pùblico".
Me parece acertada la profesionalidad tècnica que habla Alan Cosillo. chd3latinmail.com
Alan Cosillo: (2007-10-08 00:51:49 horas)
Yo creo que la función pública debe diferenciar a los funcionarios técnicos (profesionistas de carrera) de los funcionarios rudos (directores, secretarios, ministros, etc). Los funcionarios rudos son los políticos, los que dan el sentido al Gobierno de turno, estos deben cambiarse en cada Gobierno si es que hay cambio de partido político. Aún en Francia y EEUU eso es entendido, es necesario cambiar a los operadores políticos con el cambio de Partido, lo que no es válido es despedir a los técnicos, ya que ellos son los que hacen el trabajo real. Si se decide instituir un servicio público profesional es necesario poder despedir a directores, ministros, y secretarios, pero nada más. También se debe entender que trabajar en el Estado es para servir con honor, por lo que deben ejercerse más controles, hasta de poligrafo con aquellos que manejan compras, licitaciones y hacer tranparente la función del Estado. Así que no se preocupe de los burocratas que son los rudos. Preocupése de los técnicos, preocupése por que ya no se den plazas por compadrazgo, y ojalá se despidiera a tanto inepto que trabaja en el Estado que solo llegó por cuello.
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