Enade presentó un programa interesesante, bien balanceado –quizás un poco largo– para un público acalorado que, sin embargo, esperó pacientemente para escuchar al último expositor de la tarde. Y en efecto, el encantador de serpientes no defraudó al público al presentar con su estilo andaluz, jocoso y vivaz un tema de interés indiscutible.
Felipe González, presidente del Gobierno español por largos 14 años, es un expositor brillante que aprovecha todas las oportunidades para imponerle a la audiencia su talento histriónico. Es un hombre básicamente rudo –su ascendencia social no está sin duda exenta de ello– la manera como zangoloteó públicamente a su colega conferencista, el ex embajador norteamericano Manuel Rocha, muestra una ironía violenta, quizá fuera de lugar en este tipo de evento, aunque ello provocó la hilaridad de la audiencia entusiasmada.
Evitando adentrarse en el proceso electoral guatemalteco –muy cuidadoso en ello–González planteó algunas recomendaciones generales de buen Gobierno –según su propia experiencia– todo ello en medio de anécdotas y observaciones jocosas de todo tipo. He aquí varias recetas vertidas por el expositor. 1. No se debe –únicamente y por principio– reducirse el tamaño del Gobierno, ya que ello debe responder como instrumento de la política que se desea implementar. 2. El mercado no tiene más moral que su propia conveniencia y dinámica y hará alianza con todo tipo de Gobierno, según el momento político del que se trate –por ejemplo– caso chileno bajo la dictadura de Pinochet primero y más tarde prácticamente sin transición con la democracia. 3. Un Gobierno de cuatro años no puede pretender diez prioridades y cumplirlas, ya que se arriesga a no lograr éxito con ninguna de ellas por falta de fondos, energía y consensos políticos.
Conviene concentrarse en un par de ellas y cumplir con lo ofrecido al electorado. 4. No se puede esperar que el mercado por sí solo derrame riqueza y que este al rebalsar elimine de oficio la pobreza. El Gobierno tiene que tomar –según Gonzalez– cartas en el asunto, a través de programas de ayuda social financiados con el exceso de riqueza surgida de épocas económicas favorables, pero también deberá tomarse buen cuidado de ahorrar para el tiempo de las vacas flacas que tarde o temprano y periódicamente golpea a todas las naciones del planeta.
En realidad, lo expuesto por González no es nada nuevo, deriva en su mayoría del sentido común, aún los gobernantes más burdos lo saben o lo intuyen. Claro que la práctica de Gobierno es harina de otro costal y los presidenciables presentes en dicho foro debieron estar conscientes de ello, ¿pero tendrán la modestia de admitirlo y al estar en el poder actuar en consecuencia? A saber.
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