Cuando se escuchó Don’t phunk with my heart, para entonces el público estaba a la mitad de una rendición que no parecía tener fin.
Jorge Sierra
Cuando se escuchó Don’t phunk with my heart, para entonces el público estaba a la mitad de una rendición que no parecía tener fin. Desde que inició el show, una hora más tarde de lo anunciado, Black Eyed Peas, ganador este año del Grammy por mejor grupo, tuvo como consigna no detener para nada los excitados pies de los asistentes al forum de Mundo E, el pasado sábado 6.
Entre el repertorio, infestado de hip hop, prevaleció material del álbum Monkey business, es decir, de canciones como la ya mencionada, Don’t lie, Dum diddly, Feel it, They don’t want music, Ba bump, Started, como también la infaltable versión de Más que nada, grabada con Sergio Mendes.
En realidad el planteamiento de este cuarteto de MC’s, integrado por Will.I.Am, Apl.De.Ap, Taboo y Fergie, es sencillo: Una carga de loops rítmicos, respaldados por un tímido bajo, teclados, batería y guitarra, los que abrigan las cuatro voces, que al rapear por ratos son puras metralletas, en particular las de Will.I.Am, Apl.De.Ap, y Fergie. Esta última, por cierto, puede cantar y rapear mejor que muchas estrellas actuales de la música pop, en parte por su poderosa y hasta estridente voz.
La chica, en este paréntesis, se pinta hipersexual, y a diferencia de otras divas del mundillo de la música pop, Fergie más bien es astuta en su vestuario, al lucir una mini falda de colegiala y blusa corta, con ombligo al descubierto, cual integrante funcional de un equipo atlético, con lo que despierta más de alguna fantasía. Y esa noche no fue la excepción.
Black Eyed Peas, como se pudo constatar, es un grupo que innova en la música urbana. Y si como apuntan en uno de sus discos, al explicar el significado de su nombre que, “hacemos música para el alma y los Black Eyed Peas (arvejas) son alimentos para el alma”, la receta esta dada, su combinado no encuentra límites, por lo mismo incorpora soul, pop, rock, samba o artistas como Sting o al saxofonista de jazz, Brandford Marsalis.
La puesta en escena tuvo color. Una pantalla gigante de fondo, con imágenes del mismo show o de símbolos como el mono de la portada del disco; luego los convulsivos pasos de break dance de los integrantes del grupo y del cuerpo de baile, y la muestra de habilidades en otros instrumentos de los integrantes de la banda, tanto en la trompeta como en el saxofón, fueron otra parte de los atractivos visuales.
Esa noche hubo euforia, un par de horas lúdicas, esnobistas del hip hop y una fascinación por un repertorio rítmico, más machacón que melódico, que el cuarteto utiliza para complacer al honorable y dejar claro que, sea como sea, es el alma de la fiesta.
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2 comentarios:
Camilo A. Torres Cruces: (2007-10-13 13:35:18 horas)
hola tu soy
hiphop de
sangre
Mario Godoy: (2007-10-12 09:47:53 horas)
Que nos perdone Dios, pero quisiera saber cuantos chavos, cristianos y no cristianos, acudiriamos al "satanico" llamado de Fergie, invitandonos al jueguito de perpetuar la especie.
2 comentarios: