¿Qué dirá de todo esto el mercado? ¿Tendrá alma el mercado?
Amable Sánchez Torres
Al terminar la reunión alguien dijo que fulano de tal se había mantenido en el filo de la navaja. Probablemente con ello quería indicar que no había sido muy claro, que no dominaba bien el tema, que había esquivado de manera funambulesca asuntos o dificultades frente a los que no quería comprometerse… La palabra filo tiene muchos sentidos y puede usarse con carácter de metáfora en muchas ocasiones. Y una cosa está clara: el filo nada tiene que ver con la poltrona. Entre vivir en un filo y vivir en una poltrona hay la misma diferencia que entre vivir en un palacio y vivir a la intemperie.
¡Qué fácil es apoltronarse, qué fácil! Sin embargo, a mí se me ocurrió entonces, y se me ocurre también ahora, esta pregunta: ¿no vivimos todos, de una manera o de otra, más o menos vencidos o convencidos, en el filo de la navaja? No recuerdo en cuál ni de cuándo, pero hay en un libro mío una parte que se titula Con el alma en un filo. Surgió el título leyendo unos versos de Miguel Hernández, creo que de El rayo que no cesa: “Un carnívoro cuchillo / de ala dulce y homicida / sostiene un vuelo y un brillo / alrededor de mi vida”. La expresión popular es “el alma en un hilo”.
Pero en latín hilo es filum-fili. Así que vivir con el alma pendiente de un hilo (colgando) y vivir con el alma en un filo (tratando de guardar el equilibrio) viene a ser prácticamente lo mismo: tensión, desvelo, provisionalidad, ausencia de invitación al apoltronamiento, convicción de que no hay aquí nada definitivo que valga la pena. Por eso se mantenía don Antonio Machado “ligero de equipaje”.
Como la flecha que está siempre entre la cuerda y el arco dispuesta a salir disparada. ¿Hacia dónde? Pero se puede hablar también del filo de la sed, del filo del barranco, del filo del horizonte, del filo del aire, del filo del alba… ¡Cómo se adelgaza y se transparenta todo así! Perder peso, subir, trascender, elevarse. Que no es lo mismo que perder profundidad. Es curioso que profundo igual se pueda decir de arriba que abajo (si es que hay arriba y abajo): es profundo el mar, lo es el cielo, lo es el corazón del hombre, puede y debe serlo también vivir con el alma en un filo. Que nada nos distraiga ni nos detenga. Equipaje significa impedimento (impedimentum-impedimenti), estorbo, pero también impedimenta–impedimentorum: bagaje de los legionarios romanos. Como tal, se supone que tenía que ser el necesario, pero asimismo el imprescindible: para poder acampar, poder levantarse, poder ponerse en camino, poder avanzar con la ligereza del caso.
¿Qué dirá de todo esto el mercado (¿tendrá alma el mercado?), o más bien los que en él ofrecen, pregonan, invitan, acechan, pintan la vida de colores, colores, colores…?
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1 comentarios:
Alejandro Rivera: (2007-10-17 13:50:23 horas)
Claro que tiene alma el mercado, hasta lo idolatran los economistas neoliberales y los publicistas, para ellos esa es la razon de vivir. Consumo, luego existo. Para ellos la poesia de Machado y de otros poetas, es asunto para fumados. Lo importante en esta vida es hacer dinero y punto.Hasta las religiones evangelicas han caido en ese punto de vista con su teologia de la prosperidad, impulsada por pastores como Ca$h Luna, Harold Caballeros y otros. Desvirtuando asi el verdadero evangelio de Jesucristo.
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