El Tribunal Supremo Electoral permitió que fuesen inscritos candidatos que no cumplían los requisitos legales, condicionándolos a que si eran electos tendrían que presentar su constancia de solvencia, previo a asumir sus cargos. Ahora resulta que los magistrados del TSE extenderán las credenciales a los futuros diputados y alcaldes aún sin que estos presenten sus solvencias. Así, con toda tranquilidad, irresponsabilidad y desfachatez se lavan las manos como Poncio Pilatos, quien por no contradecir a las autoridades religiosas judías y sin creer en la responsabilidad de Jesús, se vio obligado a ordenar su ejecución. ¿A quién le temen magistrados? ¿Y la Ley de Probidad, qué?
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