Reverenciar aquello que al mismo tiempo denunciamos como lo peor que le sucede a la sociedad actual, es una de las tantas contradicciones que nos está impidiendo caminar hacia un mejor destino. El profundo desagrado y temor que nos infunde la violencia, es general a todos y todas, sin embargo, vemos con regocijo que los y las niñas marchen en desfiles escolares como si fueran a la guerra, aplaudimos de emoción cuando en los deportes competitivos un jugador lesiona gravemente a otro y aceptamos como educación la más que frecuente violencia contra los y las niñas, de parte de quienes debían protegerlos con amor, en lugar de domesticarlos a través de palos y chantajes.
Reverenciamos las manifestaciones de la violencia y nos parece una falta de respeto que algunos pocos se atrevan a denunciar con talento y buen humor las raíces de esta. La eficacia de dejar de hacerle reverencias a todo aquello que anda mal por este mundo no es nuevo, Don Quijote fue y sigue siendo un célebre irreverente de la sociedad que le tocó vivir y el valor de sus reflexiones sigue vigente, no solo su humor que es lo que la mayoría le celebra. Cuando en casa recogemos “elPeriódico” por la mañana, lo primero que nos preguntamos es ¿qué nos evidencia hoy la columna de la y los talentos irreverentes? Esta columna, que no comprendo porque ha sido relegada a la penúltima página, y se le ha dado tan poco espacio debería estar donde aún los que solo hojean el periódico pudieran aprovecharla. Ya llegamos al punto en que no es posible seguir tapando el sol con un dedo, urge educarnos y educar a través de la pedagogía de la claridad.
0 comentarios: