El síndrome del “me urge” (extraído de la vida misma)
El sagrado cliente, el excelso cliente, el intocable, aquel a quien todos temen, y quien hace correr a todo el mundo a última hora con sus cambios llenos de una sabiduría solamente entendida por su séquito de asistentes.
Bernardo Bach
No importa en qué trabajes, ni a qué te dediques, siempre habrá un cliente.
Los he visto de todo tipo: los prepotentes, los inseguros y los que no saben nada de nada, también los avaros que lo quieren todo regalado, los que no saben lo que quieren y desde luego también el cliente ecuánime, bien centrado y hábil negociante. Sin embargo, hay algo que los caracteriza: “Me urge”. ¡Esa frase podrida, cómo la detesto!
“Lo necesito para ayer”; “háganlo, pero ya”; “¿lo tienen mañana?”, etcétera.
Me imagino que se debe sentir muy cool pronunciar estas frases, siempre con ese sentido de “soy el cliente”. A fin de cuentas, la mayoría de los clientes están demasiado ocupados tomando importantes decisiones para hacer sus marcas más fuertes que las de sus competidores, y les resulta ilógico que tardes más de dos días sacando una campaña de televisión, haciendo los “dibujitos” que necesitan para la pieza publicitaria o un nuevo afiche. Además, todo eso se hace por computadora ¿no?, ¡es fácil! Solo hay que teclear en la computadora “comando” + “hacer afiche” y listo.
De acuerdo, estamos en una profesión donde las condiciones cambian diariamente. El consumidor es activo. Aparecen diariamente nuevas marcas. La competencia hace y los anunciantes tienen que reaccionar. Alguien sale con una nueva estrategia. Hay una nueva promoción o guerra de precios que sale en la mañana. ¿Y nada de eso podemos planear? ¿Acaso no sabíamos? ¿No podemos adelantarnos? Siempre se es reactivo.
¿Por qué tiene uno solo dos días para sacar una idea/ concepto/ campaña/ etcétera y luego esa idea se pasa un mes dormida en el escritorio de alguien?
Y cuando se retoma…… ¡urge!
¿Por qué estan casi todos los gerentes de marca autorizados para decir que no, pero nadie autorizado para aprobar? Pasan dos semanas para que lo vea quien lo tiene que autorizar, y entonces… ¡urge!
Luego de trabajar más de 24 horas con prisas, comer pizza fría, dormir poco para entregar el trabajo a tiempo, cuando ya te lloran los ojos de tanto ver el brillo del monitor y la muñeca derecha está entumecida de tener que lidiar con el mouse, entregas el trabajo en el deadline y viene la parte más interesante, los comentarios y los “minúsculos cambiecitos” sugeridos por el cliente.
No importa si los cambios llegan por e-mail, por teléfono o por señales luminosas o en código Morse, siempre harán que te lleves las manos a la frente y que tu cabeza se mueva de izquierda a derecha en negación total, incrédulo ante los comentarios. Casi siempre estos cambios implican rehacer casi toda la pieza, pero esta vez no la necesitarán para ayer... ¡la querrán para anteayer!
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1 comentarios:
Edel Lopez: (2007-10-29 09:54:58 horas)
Efectivamente hoy en dia estamos viviendo un mundo tecnologico que se define por una intensa velocidad en los negocios, comunicaciones e informacion, donde el cambio se convierte en una clara manifestacion de la aceleracion en la vida tecnologica, social y personal. Dando como resultado el crecimiento de mega/mercados nunca conocidos.
El Tratado de Libre Comercio (TLC) define caracteristicas especiales no conocidad ni vividas. Los propietarios o gerentes de empresas, no pueden seguir dirigiendo bajo la vision y conceptos tradicionales del pasado. El arte, la virtud, los valores, el poder, la eficacia, las habilidades en la destrezas o inteligencia, y los sistemas gerenciales deben RENOVARSE, tanto en la conceptualizacion del negocio como en la organizacion y utilizacion de recursos materiales, financieros y humanos. Insistir en formulas exitosas del pasado significa condenar al fracaso el futuro empresarial.
La creatividad y la accion en romper paradignas debe ser el ejemplo a seguir para adaptarnos en esas caracteristicas del TLC.
Nuevamente, LA VELOCIDAD en que se hacen ahora los NEGOCIOS, ponen a prueba nuestros sistemas ¿Estamos preparados?
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