Con la caída del sistema comunista, se dio impulso a la idea de la venta de las empresas del Estado. El argumento era que, como estas no podían rendir utilidades, desvirtuaban el espíritu de las empresas capitalistas. Además, con cada cambio de Gobierno se cambiaba también al personal, con la pérdida de capacitaciones; entonces se justificaba la privatización. Hoy se defiende la idea de mantener al personal que ha laborado de manera eficiente en el Estado. Entonces, ¿se cometerá el mismo error con la construcción de las hidroeléctricas? ¿Por qué no se piensa en un proyecto mixto iniciativa privada–Gobierno, en el que los guatemaltecos tengamos mejores utilidades?
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