El uso eficaz y eficiente de recursos no significa eliminar programas importantes.
Mario Fuentes Destarac
Durante las últimas dos décadas y media, los guatemaltecos hemos venido escuchando solamente dos propuestas para superar las recurrentes crisis de las finanzas públicas. Por un lado, subir impuestos e incrementar el gasto público, y por otro lado, reducir impuestos y recortar el gasto.
En mi opinión, estas dos fórmulas giran en torno a cuánto Gobierno queremos y no a qué clase de sector público tenemos o deseamos, que sería un enfoque cualitativo y no cuantitativo. De ahí que todo se circunscriba a cuánto gastar y no a cómo o por qué gastar. De hecho, los presupuestos estatales siempre se elaboran con base en criterios cuantitativos y no cualitativos, toda vez que lo que importa es el dinero que se asigna a cada programa o renglón y no la optimización del gasto.
Además, el principal incentivo que tiene la burocracia es gastarlo todo y más, sin reparar mucho en la calidad.
La opción cuantitativa que ha prevalecido en este país es la de aumentar los impuestos y el gasto público, por lo que constantemente se decretan nuevos tributos y el gasto se incrementa.
Paradójicamente, la recaudación tributaria sigue estando por debajo de las expectativas, debido a la falta de capacidad de cobranza y no a la inexistencia de leyes adecuadas. Empero, a pesar de esta deficiencia, los ingresos fiscales han venido aumentando, sin que su empleo necesariamente se esté traduciendo en mayores beneficios reales para la población. Por el contrario, el despilfarro y la corrupción han sido una constante.
Por otro lado, para ninguno es un secreto que, afortunadamente, el sector público guatemalteco no es demasiado grande y que las necesidades colectivas que se satisfacen mediante el gasto público no son inventadas o totalmente irracionales. Asimismo, la gran mayoría de la gente está consciente de que se necesita educación, salud, seguridad, justicia e infraestructura física de calidad. No obstante, si bien queremos satisfacer dichas necesidades colectivas con suficiencia y prontitud, también queremos saber si a través del uso eficaz y eficiente de recursos las mismas pueden satisfacerse de mejor manera sin que forzosamente los contribuyentes tengan que tributar más.
El uso eficaz y eficiente de recursos no significa eliminar programas importantes, sino cambiar los incentivos, desburocratizar, descentralizar, racionalizar, controlar la calidad y que la rentabilidad de la inversión social sea mensurable. Marcel Proust decía: El verdadero descubrimiento no consiste en buscar nuevas tierras, sino en mirar con ojos nuevos.
En fin, el desafío fiscal no está en aumentar o disminuir los impuestos ni en aumentar o reducir el gasto público, como ha sido tradición, sino en lograr una mejor gestión pública, que asegure más beneficio al menor costo posible.
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1 comentarios:
José Calderón: (2007-11-12 15:55:55 horas)
De acuerdo. Pero, ¿y quién le pone la cascabel al gato con las grandes evasiones? Todos sabemos quiénes son y lo que evaden; son pocos pero muy poderosos.
1 comentarios: