En la escuela primaria de los tiempos de la infamia se nos enseñaba que las diferencias personales se resuelven a trompadas. Los maestros se hacían de la vista gorda o no intervenían sino hasta cuando eran obvias las manchas de sangre, cuando ya era imposible impedir el moretón alrededor del ojo del niño mapache perdedor en el duelo. Mi vecino de pupitre alzó la mano pidiendo la palabra, y el maestro se la concedió sabiendo que sin tolerancia la vida se pone amarga. El chiquito se llamaba Federico, y todos presenciamos cómo se impuso sobre sus canillas flacas, escondiendo con un zapato las puntas peladas del otro (porque esa mañana se le había atravesado una piedra en el camino de tierra, con la que metió gol en una enramada de chichicaste), y con la voz chillona contó que en el patio de atrás de su casa, donde todos teníamos nuestro propio volcán de Agua, él había visto nevar. En el gallinero tenía escondido un paquidermo, y al amanecer salió a soltarlo para que jugara, fue entonces cuando del cielo le cayeron los copos de nieve. El animal bruto, sorprendido, corrió a esconderse tras la malla de alambre y rompió los huevos que Federico ya tenía listos en la canasta. Es decir, tenía hambre porque había descuidado el desayuno. La barriga le estaba crujiendo, y quería saber qué se hace en esos casos. Uno de los bravucones de la clase se mofó haciendo una trompetilla, porque el único remedio para la nieve es comerse una champurrada, por lo que todos nos reímos, unos con hambre y otros satisfechos, hasta que sonó la campana del recreo.
En el corredor esperaban tres muchachas con el azafate dispuesto con sendos vasos de leche y pan dulce a los más afortunados de la clase. Los elegidos acudieron al llamado y el resto corrimos libres por el pasillo, porque ya no aguantábamos tanto encierro. El maestro llamó aparte a Federico, quien lo siguió hasta el escritorio, y algunos presenciamos desde la vidriera cuando le entregó su refacción, don panes franceses envueltos en una servilleta que lucía negra donde hacía contacto con la ricura de los frijoles. Iba feliz el enclenque cuando el bravucón le metió zancadilla y lo empujó para trapear con su camisa el piso de ladrillo rojo abrillantado a pura mecha y gas. Los panes rodaron. No aguanté más, y me interpuse diciendo basta. Hoy día parecería copiando al Rey de España en sus trifulcas con el mandatario más famoso de Sudamérica. Ya callate, dije, aunque no estuviéramos hablando. Al sin nombre se le pusieron rojos los ojos, como vampiro, y ante tantos testigos me amenazó con arreglar el asunto a la salida. Allí nos vemos, acepté. Frente a la cruz de la plaza de la iglesia de La Merced nos dimos de trompadas, rodeados por un montón de jueces y testigos que nos animaban en las destrezas innatas. No sirvió para nada la violencia, porque Federico siguió viendo nieve y animales hasta que un día dejó de asistir a la escuela.
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8 comentarios:
alfonso villacorta: (2007-11-15 10:58:22 horas)
Si cuentan cuentos no son intelectuales. Son cuenteros o cuentacuentos; si los escriben, cuentistas.
Scarleth Fajardo: (2007-11-15 10:51:54 horas)
Que buena narración.
Roberto Gomez Ch: (2007-11-15 10:46:44 horas)
UUUYYY, DON LICCARDE, (¿SÍ ASÍ, SE LLAMA?) QUE DESTRUCTIVO, MALO TODO, REVISE SU CORAZON, HA DICHO QUE TODOS SON MALOS DESDE QUE COMEZO SU DIARIA PARTICIPACION EN EL BLOG; PERO AHORA HASTA A LOS INTELECTUALES LES ECHA TIERRA, CAMBIE.
sergio licardie V.: (2007-11-15 10:37:51 horas)
El presidente mariachi que se identifica y canta mejor la canción: El rey, que hacer discursos, porque en la canción tiene que seguir la letra y no soltar ni aflojar la lengua se cree reycito criollo de país tropical, se enfrentó (dialécticamente dice él, groseramente dicen otros) al Rey de España que es un título de abolengo, recuperado históricamente a Evo bolasviano. No por canción ni burocracia política.
El cuervo se puso a
GRRR ...... AZNAR.
sergio licardie V.: (2007-11-15 10:34:51 horas)
Así se inició la guerra. Unos se quejaban de ilusorios elefantes y nieve en el patio de su casa, tenían huevos pero no se los comían. Otros bravucones les quitaban el pan que la escuela distribuía (solo a los importantes) Así se inició la guerra. Otros se sintieron defensores contra los bravucones y empezó la pelea, a la salida, no en la calle, sino lejos en la casita de unos inditos. Así empezó la guerra y ¿Cuando se acabará? Seguramente cuando los intelectuales no nos cuenten cuentos.
sergio licardie V.: (2007-11-15 10:30:56 horas)
Así se inició la guerra. Unos se quejaban de ilusorios elefantes y nieve en el patio de su casa, tenían huevos pero no se los comían. Otros bravucones les quitaban el pan que la escuela distribuía (solo a los importantes) Así se inició la guerra. Otros se sintieron defensores contra los bravucones y empezó la pelea, a la salida, no en la calle, sino lejos en la casita de unos inditos. Así empezó la guerra y ¿Cuando se acabará? Seguramente cuando los intelectuales no nos cuenten cuentos.
Carlos González: (2007-11-15 05:53:01 horas)
Buena narración, a lo mejor anecdótica. ¿La conclusión es que Aznar seguirá siendo fascista hasta que se muera? ¿Que Chávez será un barbaján por los días que le queden de vida? ¿Ambas?
¡alguien que lo dilucide!
rene posadas: (2007-11-15 05:31:58 horas)
Muy cierto la violencia no resuelve nada lo mejor es el dialogo constructivo y el sentido comun para con cualquier problema.
8 comentarios: