Al concluir mi presentación de “El sentido de la justicia en el concepto de justicia social”, en la Universidad Católica de Chile, una jovencita que estaba en el auditórium se me acercó para comentar algún aspecto de mi ponencia. Yo había insistido en que “justicia social” es una expresión que sólo tiene sentido pleno en el contexto del pensamiento socialista, es decir en el contexto de un enfoque que privilegia la igualdad antes que la libertad individual. No está de más señalar que el enfoque que proclama la libertad individual también postula la igualdad, pero solamente la igualdad de derechos. La búsqueda de la igualdad social conduce a la desigualdad ante la ley o la negación del derecho, ya que en un régimen de libertad las diferencias sociales surgen del hecho de que seres diferentes, en aptitudes, en deseos, en valores, disfrutan de los mismos derechos fundamentales. El intento de lograr la igualdad social sólo puede tener éxito si a unos se les reconocen derechos que arbitrariamente se les niega a otros.
Ella estudiaba el primer año de Derecho y quería averiguar algo más sobre el lenguaje de desigualdades y el de diferencias, pues las diferencias son desigualdades naturales, mientras que las desigualdades son diferencias impuestas o creadas deliberadamente. Todos somos naturalmente diferentes. Todos tenemos diferentes aptitudes, gustos, preferencias. Las diferencias entre los seres humanos son evidentes porque son naturales e inevitables. No hay dos seres iguales. Pero las desigualdades son diferencias creadas por quienes tienen autoridad. Todas las desigualdades son diferencias impuestas por una autoridad. Y es muy saludable no confundir el ansia de libertad con el ansia de igualdad. El ansia de libertad, que siempre es individual, no debe confundirse con el ansia de igualdad, a menos que se trate de la igualdad ante la ley. Todos deseamos tener los mismos derechos ciudadanos, pero no las mismas cosas.
Reclamar derechos es algo muy diferente de exigir privilegios. Los derechos son de todos; mientras que los privilegios son para unos pocos.
María Ester Maturana Oviedo se llama (o se llamaba, pues de esto hace 30 años) la jovencita cuya inteligencia me impresionó tanto. A los invitados al coloquio nos habían dado dos boletos para la presentación que se haría esa noche de Le Bourgeois Gentilhomme, de Molière (1622–1673), en el teatro de la Universidad. Después de la estupenda presentación la acompañé a la parada del bus y no volví a verla durante mi estancia en Santiago.
En noviembre del mismo año de 1977 llegó una invitación a Rectoría de la UFM para asistir a las celebraciones del 135 aniversario de la fundación de la Universidad de Chile, fundación en la que Andrés Bello tuvo una participación decisiva. Nuevamente se me pidió asistir en representación de la UFM, lo cual hice con gusto, pero esta vez no iba solo. Me acompañaba Susana, mi esposa. El día que concluyeron los actos dispuse que fuéramos a la Católica porque quería que ella conociera a María Ester. En nuestra calidad de invitados del rector Toro Dávila teníamos a nuestra disposición automóvil con chofer hasta la media noche de cada día. De manera que nos fuimos a la Universidad Católica. La probabilidad de encontrar a María Ester en aquel tumulto de estudiantes, a media mañana, era mínima. En una de las ventanillas María Ester hacía algún trámite y por poco se cae del susto al verme, después de que ya habían transcurrido ocho meses. Almorzamos, la llevamos a un banco y nos despedimos, suponiendo que nunca más la volveríamos a ver. Pero no fue así. Hace unos cinco o seis años estuvo unos tres días en nuestra casa, la llevamos a almorzar a la Antigua, visitó Tikal y se marchó de regreso a Santiago. Desde entonces no hemos tenido noticias de ella.
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1 comentarios:
Mario Rodriguez: (2007-11-16 06:58:38 horas)
Sr. Rigoberto, la justicia social se debe a la injusticia social, o va a negar que los grandes terratenientes, en su mayoria, heredaron esas tierras de sus abuelos que, o se la apropiaron por medio de la fuerza o fueron regalitos de gobiernos pasados. Y que fácil es decir yo velo por mi nariz y los demas que se jodan cuando se come 3 veces al dia y se tiene casa. Por esa misma razón que nadie nace en igualdad de condiciones, pues unos ya vienen con el pan bajo el brazo y otros con la piocha, es que hace falta tener una sociedad mas justa donde ser solidario no es ningún pecado y no eso les manda a decir Dios??? Y allí se ven a todos los dinosaurios en misa golpeandose el pecho y hasta llorando y al salir de allí siguen igual. El querer un Estado mas social no tiene nada de malo todo lo contrario, nivela las profundas desigualdades historicas. Pero en eso rádica nuestras grandes diferencias. Yo creo que hay que dar para recibir y Ud en recibir y recibir.
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