laColumna: Follarismos
Muchas personas vienen a mi consultorio sin brújula, sin saber dónde están paradas y sin idea de a dónde van ni qué quieren. Lo cual es perfectamente normal, porque todos experimentamos momentos de incertidumbre en los que dudamos no sólo de nuestras convicciones y aprendizajes, sino hasta de nuestra identidad. Lo que tiene, a pesar de todo, la virtud de generar en nuestro corazón la cantidad de angustia necesaria como para obligarnos a buscar una salida, movilizando recursos y capacidades que pueden ayudarnos a ampliar los puntos de vista que tenemos sobre los problemas, a descubrir opciones más adecuadas y a tomar decisiones más satisfactorias.
En tales circunstancias, recomiendo a mis pacientes que se reconecten con aquellas fantasías y sueños que alimentaron su infancia y adolescencia, porque es al interior de esos baúles cubiertos de polvo donde se esconden los mapas que antaño iluminaron la imaginación, invitándolos a ir en busca de la aventura y del asombro. Lo único que se requiere, para que dichos mapas vuelvan a sean útiles hoy en día, es adaptarlos a las circunstancias del mundo y a nuestra particular situación, de manera que puedan orientarnos por las selvas urbanas contemporáneas. Por ejemplo, yo siempre deseé ser de niño explorador de la Antártica, y heme aquí, explorando en el consultorio paisajes y zonas humanas tanto o más misteriosas que aquellas frías y lejanas; fantaseé con llegar a ser ingeniero de puentes, y heme hoy construyendo vínculos entre el inconsciente y el consciente de las personas; aspiré a ser fotógrafo, y heme ahora, positivando los rollos que cada uno me trae. De modo que lo importante, al fin de cuentas, es retomar contacto con la pasión y el deseo, sean cuales fueren, y no soltarlos jamás. Agregar comentario: |
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