Opinión:
El general Otto Pérez Molina tuvo la osadía de retar a un electorado que, supuestamente, no votaría ya por militares. En la primera vuelta pudo acercarse –contra todo pronóstico inicial– a casi el millón de votos y en esta segunda superó el millón. ¿Rechazo al militar? El 47 por ciento de los votos válidos parecen desmentirlo. Al menos, con respecto a militares como él.
El pero que puse de mi parte a su elección me parece válido: vi en Colom a un hombre de Estado más completo y creí que Guatemala podría partir de un proyecto que no implicase un handicap, lo que me hizo preferirlo. Comparto una vez más con ustedes que dado el pasado que dejaran impreso los gobiernos militares hubiese sido difícil gobernar para Pérez Molina, general que es del Ejército, porque todos sus actos de autoridad –sobre todo después de una campaña tan intensa bajo el eslogan de “mano dura” a aplicarse– hubiesen podido ser muy fácilmente, malinterpretados. Existen actos, sin embargo, que apuntaron a su favor y que lo seguirán apuntalando en el futuro. Contra lo que hubiese podido esperarse de un militar, prestó todo su respaldo para que se instale en Guatemala la CICIG, lo que no habría tenido ningún sentido si lo que se propusiera fuese que regresáramos a momentos del pasado. Más importante aún, su reacción poco menos que espontánea cuando se dio el execrable asesinato de cuatro policías en una prisión “de máxima seguridad del Estado”, asesinato que vino a silenciar el posible testimonio que aquellos hubiesen podido rendir sobre tantos otros crímenes. Supo enfrentarse, así, en ese caso, al Gobierno de la República y a la cúpula empresarial que lo maneja. Algunos consideraron incluso un error de su parte –dada su principal oferta electoral de “mano dura”– que se hubiese preocupado por aquellos crímenes y que pusiese en jaque a las autoridades de Gobierno, protagonistas como eran de una mal llamada “limpieza social”, por medios criminales. Pérez Molina hubo de ser paciente y para aspirar a la Presidencia de la República esperó que se cumpliesen los cinco años de haberse separado del servicio activo en el Ejército. En el actual Gobierno tuvo la entereza de separarse cuando discrepó con este, no siendo común que deje posiciones de poder quien las alcanza. En repetidas ocasiones me permití dar testimonio de lo que me consta de Pérez Molina en lo que se refiere a su ejercicio de la función pública, testimonio que lo fue siempre positivo. Mis apreciaciones en cuanto al handicap, sin embargo, y a pesar de las señales alentadoras que el general Otto Pérez Molina vino a dar en la campaña, me parecieron y parecen acertadas. Pienso que es más fácil para un gobernante civil –siempre y cuando, claro está, tenga las características de un hombre de Estado– como es el caso de Álvaro Colom, alcanzar los resultados de Gobierno que pareciésemos querer: la debida protección del ser humano por parte del Estado. La certeza jurídica de actos y contratos. Las condiciones que permitan progreso y desarrollo. El prestigio internacional de Guatemala y el pleno respeto de nuestros conciudadanos, estén donde se encuentren, como lo más importante de la política exterior del Estado. La decisión de Estado para erradicar el hambre y la miseria. Pienso también que la firmeza en el cumplimento de la ley –y no otra cosa– es lo único que podría brindarnos seguridad en Guatemala y que –hoy por hoy– no solo por sus propios méritos sino por las circunstancias –es Álvaro Colom quien podría conseguirlo. He allí mi preferencia por Álvaro Colom, quien, por cierto, de inmediato se repuso del triunfo –no se le subió el triunfo a la cabeza–, lo que puede mejorar con la ivitación a dialogar que debe hacer al antiguo contendiente pero, en este momento, va mi pensamiento para aquel que, estoy seguro, se recupera también de inmediato de su aparente derrota. Aparente, digo, porque la votación obtenida abre para él un más que merecido futuro. Cuidado, sí, con los estrategas que le aconsejaron no asistir a los debates, que la oposición que ejercite puede ser brillante, lo que implica necesariamente que sea constructiva o, por el contrario, agotarse como un último reducto de la derecha autoritaria. Agregar comentario: |
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