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Guatemala, jueves 22 de noviembre de 2007

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Opinión:

Crónicas de viaje: la ruta del otoño (II)

En una mañana diáfana, nos dirigimos a los jardines de Longwood.

Fernando Andrade Díaz-Durán

Fuente menor Fuente normal Fuente grande
En una mañana diáfana de mediados de octubre, con cielos de intenso azul y temperatura relativamente baja, nos dirigimos a los jardines de Longwood, que quedaban a menos de media hora del lugar donde nos alojamos en el Valle de Brandywine. Amigos míos de Washington habían insistido en esta visita, pero no esperábamos encontrar algo tan especial y agradable. Habíamos leído literatura sobre estos mágicos jardines, pero no nos imaginábamos lo impactantes que en realidad eran. Llegamos a una playa de estacionamiento muy grande con capacidad para más de mil vehículos, que seguramente en las vacaciones de verano se llena de buses escolares, de turistas y de automóviles particulares. Pero en este día de otoño, los vehículos estacionados no llegaban a cien, lo que nos permitió encontrar un lugar cercano al centro de visitantes donde se adquieren los tickets para poder ingresar a los jardines.

Provistos de un buen mapa, iniciamos nuestro recorrido, que nos llevaría a través de pequeños y encantadores jardines y rosaledas, fuentes de agua, pequeños lagos y majestuosos bosques. Desde un principio nos sentimos a gusto caminando por medianos y estrechos senderos, cuidadosamente trazados, así como cruzando jardines o campos de césped y caminando bajo árboles centenarios que proyectan su sombra en grandes trechos. Gran variedad de flores, pájaros en cantidades, ardillas y pequeños animales propios de los bosques de los climas templados. En verdad, un paseo recreativo con paradas obligadas para admirar el entorno, descansar de la caminata y respirar el aire fresco. En todo momento admiramos lo pulcro del lugar y disfrutamos de los distintos rincones, como el denominado “jardín italiano”, con una cascada de agua que se desliza sobre gradas de mármol al tiempo que distintas fuentes impulsan chorros de agua con cierto compás. Hay tanto que ver en estos jardines que el tiempo transcurre sin que el visitante se dé realmente cuenta. Estos extensos jardines se extienden a lo largo de varios kilómetros, pero es indudable que para mantenerlos se necesita de un pequeño ejército de jardineros que se movilizan en pequeños vehículos, pero que se hacen casi invisibles porque evitan, en las horas en que están abiertos los jardines, transitar por las vías principales.

En medio de los jardines se encuentra la casa de la familia du Pont, de origen francés, que hizo una inmensa fortuna en la industria química en los siglos XIX y XX y que durante años invirtió sumas cuantiosas para desarrollar esta inmensa propiedad. Los jardines fueron construidos sobre lo que fue originalmente una finca de una familia de cuáqueros de apellido Pierce, que iniciaron la siembra de árboles a fines del siglo XVIII. Pierre du Pont compró esta finca a principios del siglo XX precisamente con el propósito de preservar los árboles centenarios que una empresa maderera pretendía derribar, y después la convirtió en esos inigualables jardines. En determinadas fechas durante el año funcionan al unísono las inmensas fuentes de agua, que evocan las fuentes de agua europeas que engalanan los palacios del viejo mundo. Pero se debe reconocer que estos jardines no son copia cualquiera de los jardines europeos, sino que tienen su sello y personalidad propia, y acogen conciertos de música con frecuencia.

La familia du Pont construyó a principios del siglo pasado un enorme invernadero de techo de vidrio donde se cultivan en tablones, algunos elevados, toda clase de flores y plantas tropicales o de climas templados. Y caminando despacio, contemplando orquídeas en una sala o helechos en otra con variedades de rosas, etcétera, lleva más de una hora su recorrido. En la casa principal, que fue casa de campo de los du Pont, hay una colección de antigüedades y se conservan los muebles de la época.

Frente a la entrada, encontramos enormes calabazas que se cultivan en la propia finca y que estaban agrupadas decorativamente. En la parte alta de un pequeño cerro existen caídas de agua que parecen naturales, incluso que se nutren de un ojo de agua artificial de grandes proporciones, que también da la impresión de ser natural.

En fin, una gran experiencia gratificante al espíritu en un día soleado de otoño, cuando las hojas de los árboles empezaban a amarillearse y se desprendían al soplo del viento formando alfombras, crujientes al caminar pausadamente sobre ellas.
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10 comentarios:

  1. Mona Pitt: (2008-06-06 15:14:43 horas)
    Yo he estado en LongWood gardens dos veces y soy de Perú. Creo que artículo como este, si bien distan de nuestra realidad, nos llevan a soñar. Creo que muchos han perdido la capacidad de soñar y viven en el día a día criticando sin ver lo positivo de estos relatos.Yo disfruté de este articulo ya que me llevo a recordar que lo bello de nuestra naturaleza ya sea en nuestros países o en el extranjero. No seamos pesimistas y disfrutemos los relatos que nos lleven a enriquecer el espiritu y no envidiemos a quienes con sus historias, tratan de llevarnos un poquito de la experiencias maravillosas de sus viajes. bendiciones a todos.
  2. Isckra Ibarra: (2007-11-24 16:01:30 horas)
    Es precioso el deleite que proporciona la narrativa y esa sensación de admiración cuando en los diversos rincones del planeta, algun coterraneo puede rodearse de tanta belleza, jardinización, bellos aromas a flores y la singular belleza de un bosque. Por otro lado, es lamentable que los lectores hayan perdido la capacidad que brinda el saber deleitarse de una lectura que no sea la clásica lamentación por un país convulsivo y lleno de descepción, desdicha, rencores a niveles que provoca una envidia lamentable, el venir a esta cuna de expresión del pensamiento libre para ventilar sus desesperada necesidad de katarsis. Por suerte, podemos ELEGIR que leer, que canal ver, o que radio escuchar, so pena del zapping y pues, yo me permito agradecer al autor, el tomarse la molestia de compartir su alegría e intentar transmitir que en este precioso planeta azul, hay personajes que cuidan aún la naturaleza, la convierten en sitio turistico y la preservan como herencia humanistica. Por otro lado, lamento que otros no compartan el buen gusto que da la literatura que no sea amarillista, depresiva y crítica. Es algo así, como que muy niños hemos perdido la capacidad de reír, de correr por el prado, de tocar la arena con los pies, de respirar el aroma delicioso de una rosa....en pocas palabras, la incapacidad creciente de poder disfrutar de las cosas sencillas y bonitas, esas pocas cosas que hacen...que de vez en cuando la vida este bonita!!!
  3. Alberto Rojas: (2007-11-22 14:47:33 horas)
    wow, que relato mas emocionante!! tan emocionante como hacer cola en un banco... No dudo que el lugar ha de ser espectacular pero los aires elitistas con los que lo cuenta es bastante ridìculo....
  4. Manuel Lopez: (2007-11-22 14:38:10 horas)
    le falto al final de la columna algo asì como: "contemplar los jardines de Longwood me hizo dejar atras el hecho que Guatemala tiene uno de los indices mas altos de analfabetismo, de corrupciòn, un paraìso para el crimen, un cuasi narco estado, una de las tasas mas altas de desnutricion. Pero qué importa, estoy en los jardines de Longwood"
  5. Pablo Blanco: (2007-11-22 11:39:19 horas)
    OJALÁ NO SE PUBLIQUE LA "RUTA DEL OTOÑO" PARTE III !!! QUE MELLO !!!!
  6. Maria Jose Cabrera: (2007-11-22 10:43:42 horas)
    Que desperdicio de espacio!!!
  7. alfonso villacorta: (2007-11-22 10:00:55 horas)
    Creo que describir los jardines de Longwood se queda corto sin mencionar la cantidad de espectaculos de los que se puede disfrutar, como en esta epoca fria cuando hay patinaje, conciertos de musica coral u orquestal y la decoracion que en la oscuridad de la noche se convierte en magica y los mismisimos lugares del dia, que son otros por la noche.
  8. Ibrahim Ayad: (2007-11-22 08:42:23 horas)
    Que tristeza que en Guatemala tengamos medios de información que acogan columnas tan sin sentido como ésta. Pobre patria mía...
  9. Eric Monroy: (2007-11-22 07:59:35 horas)
    QUE PERDIDA DE TIEMPO Y QUE HUEVA DE ARTICULO. NO PRESUMA DE DINERO Y VIAJES CON UN PAIS MURIENDOSE DE HAMBRE
  10. Estuardo Morales: (2007-11-22 06:35:09 horas)
    Señores del periodico, que ganamos con esta columna????
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