No es cierto que el licenciado Eduardo Weymann simplemente se encuentre “libre”; él sufrió un proceso legal que culminó hasta en el amparo ante la Honorable Corte de Constitucionalidad, y finalmente se siguió el trámite de incidente de redención ante un Juzgado de Ejecución Penal. Dicho en otras palabras, cumplió su condena, la cual fue de tres años conmutables, pues el Tribunal sentenciador estimó que sus actos no tuvieron ninguna consecuencia, al grado que fue exonerado de responsabilidades civiles y costas procesales. Tampoco es cierto que “avaló” movimientos contables anómalos ante la SAT, simplemente se le castigó, por firmar, con posterioridad y con engaños, un acta que le fue enviada a su residencia con cientos de documentos adicionales, en un momento de transición de un Gobierno a otro.
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