Ojalá que el nuevo Gobierno de Álvaro Colóm, que asumirá el 14 de enero próximo, cumpla con su promesa electoral de apoyar efectivamente y romper décadas de desatención y hasta indiferencia de la administración estatal a los millares de guatemaltecos que emigraron un día a Estados Unidos, en busca de trabajo, seguridad y una vida más digna.
elEditorial
En una de sus primeras declaraciones, el nuevo ministro de Relaciones Exteriores, el economista y diplomático Haroldo Rodas, aseguró que su despacho dará prioridad a la defensa de tales compatriotas en Norteamérica, entre quienes priva gran decepción ante el débil respaldo de que fueron objeto de parte del régimen saliente de Óscar Berger.
Por cierto, es inexplicable la mediocridad que ha reinado en la gestión internacional de la cancillería guatemalteca, con respecto a la situación de nuestros migrantes y de otros temas fundamentales, como el abandonado caso de Belice, a pesar de que su titular es el experimentado diplomático y funcionario internacional Gert Rosenthal, cuya llegada a la cartera de Relaciones Exteriores había despertado grandes expectativas.
En los últimos meses se ha incrementado hasta niveles alarmantes la deportación estadounidense de nuestros connacionales, mientras que las autoridades guatemaltecas han hecho gala de una actitud tímida y vacilante ante Washington, lamentable posición que se diferencia muchísimo de la postura resuelta y decidida, asumida con toda energía por los presidentes de El Salvador y de México, Tony Saca y Felipe Calderón. Pareciera que lo único que nos interesa en Guatemala son las remesas que nuestros trabajadores migrantes envían mensualmente a sus familias, las cuales se elevarán a US$4 mil millones durante 2007, según estimaciones de la Organización Internacional para las Migraciones.
Nos parece totalmente condenable que Guatemala haya sido el único país centroamericano que quedó excluido del trato preferencial que otorga Estados Unidos a los migrantes, por medio del Régimen de Protección Temporal (TPS), pues el Gobierno de nuestro país tiene el mandato inexcusable de velar por el bienestar de los compatriotas en el exterior.
A pesar de haberles negado oportunidades, Guatemala recibe innegables beneficios de sus migrantes, cuya mayoría pertenece al sector más pobre de nuestra población. El nuevo Gobierno debe cumplir con su obligación constitucional en actuar responsablemente, en busca de la seguridad y dignificación de los trabajadores guatemaltecos en Norteamérica.
Lo que yo me preguntaría antes de estar proponiendo alguna ignorancia, sería, en que cosa se les quiere apoyar. Si logramos establecer esta premisa, debemos de encontrar una fórmula para apoyarlos sin poner en alerta al tigre.
Si quiere hacerlo reclamando, vociferando, apoyando a dirigentes bochincheros que viajan por todos lados con fondos a saber de quien, allí es donde se empieza a perder la batalla, pues el tigre se eriza y teme, entonces la solución mas sencilla para él, es expulsar de su terreno todo lo que le molesta.
No se si es por que no les da la cabeza, o por que hacerlo de una manera inteligente como decía un candidato, no les da arrastre populista, es que las medidas que se toman no son las adecuadas.
Se ha dicho hasta la saciedad que el mecanismo apropiado es la negociación y usar la discreción en lo que se está discutiendo, pero como esto no gana votos ni titulares de prensa es un mecanismo que poco se ha empleado.
Como dice aquel viejo refrán: Lo que natura no da, Salamanca no lo presta.
Harold V. Juarez: (2007-11-24 08:30:59 horas)
Se deberia impulsar una politica de apoyo a los migrantes, con un plan a corto y a largo plazo. Y evaluar las instituciones que estas supuestas a brindar apoyo a nuestros compatriotas, las cuales no tienen un proyecto definido, por lo tanto, una falta de vision de apoyo para los migrantes
Luis Solares: (2007-11-23 23:31:04 horas)
y de qué se espantan? realmente como un pais democrático pero neficiente no hemos prestado a uesra gente para negocios de guerra, sólo de paz, según lo que nos enteramos de las fuerzas armadas en Haití... Por lo menos no estamos tan mal cmo los de la vecindad para ofrecer a nuesros mejores valores para que los maten en IRAK. Y no ofrecer a nuestros mejores muchachos es signo de madurez. No debemos sudar caleturas ajenas.
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