Primero fue Linda, luego sus hijos Claudio y Pedro. A ella le donó el riñón su hermana menor; a Claudio un desconocido que resultó compatible; y Pedro, de una señora que murió en un accidente.
Dos de los hermanos de doña Linda López murieron porque en su época no existía la posibilidad de someterse a una operación de transplante de riñón, no se practicaba un transplante cadavérico. Ella y sus hijos hoy han tenido la suerte de encontrar los órganos que les salvaron la vida. “Mi abuelo, que pronto cumplirá 82 años, donó su riñón a uno de mis tíos hace 50 años, y está muy bien”, explica Pedro. Su caso es el del bebé que nació normal, pero luego no se desarrollan sus riñones.
Los riñones cumplen una función sumamente importante para el cuerpo humano. Se encargan, entre otras cosas, de limpiar el organismo de desechos tóxicos. Cuando esto se interrumpe, la sangre de la persona empieza a contaminarse y con ello empiezan los problemas. El paciente debe someterse a una de varias opciones para corregir el estado de su sangre, como la hemodiálisis conocida como fístula o diálisis peritonial. “Uno se pone amarillo, se hincha porque retiene los líquidos, hay cansancio y se pierde el gusto por la comida”, comenta Pedro, quien el 6 de diciembre próximo cumple un año de haber sido transplantado.
Para Claudio la historia empieza al ser seleccionado nacional de fútbol y someterse a unas pruebas antes de salir a jugar fuera del país. No pudo irse, y a los pocos días estaba en la unidad de cuidados intensivos del hospital. “Mi mamá leyó algo acerca de las células madre y fue a las oficinas de Cryocell donde le explicaron que era imposible hacer algo sin un bebé, pero Heidi Juárez, gerente regional de Mercadeo del lugar, dijo que con mucho gusto le donaba su riñón. Aquello parecía demasiado bueno para ser cierto, pero se hicieron las pruebas de compatibilidad y salieron positivas.
“Estamos en deuda con Heidi de por vida”, agrega Pedro. Claudio, año y pico después, no solo está perfectamente, sino que ha retomado su deporte.
Quienes reciben un riñón se ven obligados a medicarse de por vida. Lo más importante es tomar alguna droga que mantenga sus defensas bajas, de manera que su cuerpo no rechace el órgano ajeno.
“Tenemos que cuidarnos mucho porque un resfriado nos puede tirar a la cama por dos semanas, pero eso es lo de menos”, concluye Pedro. Para quienes donan su riñón los problemas son mínimos, prácticamente ninguno. De hecho lo normal es que su órgano se crezca después de la operación, para poder cumplir con la función que hacía dos antes de la misma.
Asociación Amigos del Riñón por la Vida, ARIVI, 5504-0670 o asociacion.arivi@gmail.com
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