A pesar de haberlo fustigado tan sabia, elegante y acremente, Fernando Lázaro Carreter, en sus famosos ‘dardos (El nuevo dardo en la palabra’, Santillana y Suma de Letras, Madrid, 2004), el asunto no ha tenido remedio: los mismos que enarbolan imperturbables las banderas de locutar, aperturar o accesar –por poner solo tres ejemplos– siguen rasgándose las vestiduras ante la violencia de género, cuando en realidad se trata de la violencia de sexo, por haberse empeñado en traducir el inglés gender por género, en lugar de traducirlo por sexo. Y así, cada vez que se habla de la violencia de género, en lugar de la violencia de sexo, se está ejerciendo también, como dice Fernando, violencia contra el idioma. La RAE ha explicado bien el asunto, pero como si cantaras.
Los hombres y las mujeres pertenecen a un género único, el género humano, aunque los hombres se distingan por el sexo masculino y las mujeres por el femenino. Aparte de ello, lo de los géneros no es una cuestión biológica, sino gramatical.
¿Quién puede apearnos ya del burro? Ojalá todo se redujera a una batalla de palabras. Pero no. Se trata de otra batalla más feroz, en la que las mujeres –¿el sexo débil?; ¿débil por qué?– parece que llevan la peor parte.
El domingo se celebró el día de la reivindicación de su dignidad y sus derechos. No hay estadísticas claras y confiables. Pero ¿quién podría contar, aunque se dedicara solo a ello, el número de asesinatos, palizas, violaciones, explotaciones, amputaciones, humillaciones de toda laya, abusos de todo género contra ellas? ¿Es que acaso es un pecado o un crimen ser mujer? ¿Es que no hemos nacido todos de una mujer? ¿Es que no tenemos todos una madre?
¿Y qué decir de nuestras esposas, nuestras hermanas, nuestras hijas o nuestras nietas? ¿Qué decir de tantas viudas, de tantas mujeres solas, abnegadas, trabajadoras, humildes, responsables? ¿Qué decir de aquellas que silenciosamente mantienen en casa un cebón o un macho que solo sirve para engendrar irresponsablemente –y a veces ni para eso–, mientras ellas tienen que prostituirse incluso para dar de comer a los hijos, educarlos y sacarlos adelante? Pareciera que los asesinos, los machos–cobardes, los mercaderes del sexo o de lo que sea, los secuestradores, los chulos, los proxenetas, los que solo parecen pensar –si es que piensan– con el sexo en vez de con el seso fueran los únicos, intocables e indiscutibles dueños del mundo y de todo lo que hay en él, incluidas las mujeres.
¡Una vergüenza! ¡Una verdadera vergüenza! ¿Cuándo alguien les cortará a todos las manos o lo que haya que cortarles?
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1 comentarios:
Isckra Ibarra: (2007-11-28 05:32:25 horas)
El problema de la violencia contra el sexo débil -también valdría la pena darle algún párrafo a su interlocución-, ha sido que muchas veces, los hábitos del trato hacia los demás los "mamamos" desde el mismito rincón en donde nacemos...
Es así, como en la cuna del hogar, muchas mismas madres, abnegadas, responsables y trabajadoras como el autor menciona, son quienes siempre dan el ejemplo de seguir sirviendo y RESPETANDO a un abusador, como frecuentemente, vemos al padre de muchos malllamados hogares.
En esta cuna de edificación y formación de conductas psicológicas y adquisición de hábitos, los estudiosos han econtrado que SOMOS LAS MISMAS MUJERES quienes educamos a la NIÑA con el eterno complejo de sumisión, sujeción y respeto por un varón con tal de ser aceptadas socialmente o al menos aspirar a ser "señora de"...
Tal pareciera que se viviera en una sociedad propia del medioevo, de alguna tribu africana o de la mismita "mulsulmania", donde aún se juzga a una mujer tan solo por el hecho que su marido "crea que ha sido infiel", metiéndola en un hoyo y matándola a pedradas por el pueblo que le rodea...
El machismo es una enfermedad social, que hemos permitido las propias mujeres al aceptar que un hombre borracho venga a pegar frente a pequeños inocentes que luego imitaran esa escena como "normal", hemos permitido, porque solo nosotras tenemos la responsabilidad de engendrar hijos cuando vemos que un abusador como estos nos da "señales de violencia" y no queremos aceptar que NO ES EL UN HOMBRE DIGNO para ser el padre de nuestros hijos.
El machismo es una enfermedad que pudieramos combatir, cuando las mujeres aprendan a DECIR NO ante un violento, un chico que se alcoholiza apenas a los 18 años, un hombre que no se le ven hábitos de trabajo o respeto, tan solo al ver como se expresa y qué vocabulario utiliza.
....tan solo cuando eduquemos mejor a la niña, como la única semilla para forjarnos un mejor desarrollo en el núcleo de la sociedad, en la intimidad de la familia como futuro de las sociedades y como formación de mejores generaciones.
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