Algunos de los diputados se recetaron su jugosa indemnización, sangraron al pueblo de Guatemala hasta el último momento, y nunca legislaron para que los empresarios cumplan con sus obligaciones laborales con los trabajadores de escasos recursos económicos. Ellos solo se dedicaron a levantar la mano cuando el cacique de su partido así lo ordenaba, probablemente como consecuencia de una orden emitida por uno de los financistas de los políticos en Guatemala. Esperamos que dentro de cuatro años nos terminemos de deshacer de esos diputados politiqueros que volvieron a ser electos, y que aprendamos a elegir diputados.
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