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laColumna: Buscando a Syd

Polvo colombiano

Es polvo, puro polvo colombiano.

Por: Maurice Echeverría

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La podemos imaginar, qué se yo, con disentería, temblando en el suelo, bregando por que no la violen, paralizada por el horror y los ataques de pánico, su voluntad –antes ferroviaria, maciza– hoy del todo deshecha, sin poder abrazar ni ser abrazada por criatura humana alguna, sin saber ya cómo es la voz de los suyos, con todo ese absurdo en el lóbulo frontal como un insecto chillante –pesadilla conradiana al servicio de un todopoderoso Nunca.

También podemos imaginar la tragedia del lado de los familiares, gólgota total, cruz multiplicada.

Una terapeuta especialista en constelaciones familiares me decía la otra vez que, en el caso de un secuestro, el secuestrador pasa a formar parte simbólicamente de la familia. Entonces visualicen a ese adicionado miembro fosco de la familia Betancourt: las FARC, desayunando con ellos, viendo tele con ellos, durmiendo con ellos, sedosa quemante oscuridad.

Pero en realidad la desdicha de Ingrid Betancourt ha cesado de ser una desdicha íntima y se ha nominalizado en la tragedia estamental de un país que lleva cuatro décadas de ensangramiento. Un reno disecado en la pared de la política interna colombiana, y ya externa también, según hemos visto en las últimas semanas (con un mono parlante llamado Chávez). Contradictoriamente, el quid sacramental del conflicto –si Ingrid Betancourt está viva o no– no tiene nada que ver con el hecho tangible de si la ex senadora perdura biológicamente o no. Con los secuestros sucede que si la víctima no se negocia o devuelve luego de una cantidad limitada de tiempo, la consciencia pública la da por muerta, aún con pruebas de que está con vida. En tanto que organismo biológico, Ingrid Betancourt ya es polvo, puro polvo colombiano, que todos snifeamos tiernamente.
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Valor: 3.0/5

3 comentarios:

  1. Rodrigo Duarte R.:
    Rosáceo amigo, tus relatos sobre los encuentros con el diablo te quedan mucho más "tuanis" que tus pretendidos análisis políticos. En serio.
  2. Gerardo José Sandoval:
    Yo no veo análisis político alguno. ¿Por qué la gente lee sin leer? Él habla de la intimidad que opera en el secuestro, para la secuestrada y para sus familiares. De como la percepción pública espera algo de antemano. Eso está cristalino en el texto. Por lo tanto no entiendo el comentario de Duarte. ¿Será un Troll y yo he caido en el engaño?
  3. Sergio Aguilar:
    Para un columnista extraordinario





    De ti Mauricio, no tengo referencias más que aquellas accesibles a través de la lectura de esta pequeña columna periodística que te han concedido en beneficio de los lectores. Quizás se trate de un espacio de expresión ganado por tus meritos como escritor, o bien, por formar parte de una red social de seudo intelectuales guatemaltecos que se han ido abriendo campo en medios escritos de diversa índole. Y que afortunadamente, no forjan escuela. Primero, déjame decirte que este texto tuyo titulado: Polvo Colombiano, está escrito a mi parecer –y muchos coincidirán conmigo- con un estilo bastante burdo y con extravagancias académicas muy al estilo de periodistas mediocres que no han revisado ni si quiera las fuentes bibliográficas de donde se desprenden –proceden, sería la palabra justa- estos universos semánticos que tanto pareces adorar, y empleas de manera tan inapropiada. Sin embargo, es innegable que haces gala de una habilidad para escribir un tanto extraordinaria en una sociedad cuyos habitantes se distinguen precisamente por su adolescencia sintáctica al hablar y escribir, sin mencionar otras taras lingüísticas que podrían ser identificadas adecuadamente y sin dificultad por algún experto en la materia. Es decir, en un país como Guatemala, una persona con relativa destreza al escribir y con una imaginación desbordada, puede sobresalir sin problema en el ambiente social y destacarse si así lo desea: como un prolífico escritor o inequívoco intelectual de hueso colorado. Al tenor de estos asuntos, no puedo evitar expresarte además, lo tanto que me repugna tu idiosincrasia burguesa y guatemalteca, notable en los contenidos y en análisis discursivo del escrito en cuestión. Y con eso de guatemalteco y burgués al mismo tiempo, unívocamente, te estoy haciendo saber bastante de mi impresión sobre quien eres tú y del estamento social –minoritario- al cual seguramente perteneces. ¿Te has dado cuenta que los burgueses de tu país son característicamente idiotas o se parecen mucho a los idiotas? La muestra más pública la constituye el tipejo este Oscar Berger, quien es presidente de tu país… país Mauricio, perjudicado sistemáticamente por empresarios y oligarcas enajenados de la realidad social… una realidad mucho más amplia en relación aquella donde han crecido socialmente soterrados, viviendo en túneles y alejados además del amplio mundo. Ahora, con relación al contenido de esta columna tengo los siguientes comentarios que son muy breves, si es que aún quieres leerlos Mauricio… ¡Ah perdona!, tu nombre es Maurice, ¿en francés correcto?... ¡Cómo aquél personaje de Honoré de Balzac de exquisitos modales, comerciante parisino que hace el ridículo entre sus súbditos provincianos que lo ven como rareza urbana! Es que es inevitable, el burgués guatemalteco resulta repugnante. En fin, aquí están mis tres comentarios:



    1. Primero, para comprender lo que ocurre en Colombia necesitas leer un libro de historia, sino te limitarás a evocar escenas de dolor, de tragedia y horror a partir del caso de Ingrid Betancourt. Mi consejo es que simplemente no escribas de política y sigas “snifeando” el polvo que usas para alborotar tus neuronas y escribir otras cosas para las cuales tendrás más talento (por cierto, que neologismo y anglicismo conceptual tan chocarrero). Deja eso para la gente que conoce “el tema colombiano”. También para escribir lo que se te venga en gana sobre Colombia, te exijo –perdona mi tono autoritario que no es propio de mi carácter, pero al cual estarás acostumbrado como guatemalteco que eres- un poco de rigor y respeto; en esa referencia a “Polvo Colombiano” se encuentran implícitos muchos mensajes, y al tratar el caso de Ingrid Betancourt pienso que debiste ser más respetuoso y sensible, ambas, cualidades de las cuales careces: como buen guatemalteco de tu generación. Te repito, para escribir la palabra Colombia, piénsalo varias veces, junto con los términos, adjetivos y otras palabras con las cuales la asociarás.



    2. En segundo lugar, es muy irrisoria tu sorpresiva referencia a “la tragedia estamental de un país que lleva cuatro décadas de ensangramiento”, cuando en tu país Mauricio…la represión política institucionalizada del Estado duró casi el mismo tiempo, y afectó de muchas formas para que sepas, a intelectuales de verdad. Lee libros y no folletos, aprende de la historia de tu país, sumérgete en las vivencias del pasado de tu gente (que quizás no veas como tu gente) que han dejado su impronta en la sociedad y en la forma de ser de tus compatriotas (quienes no consideras tampoco tus compatriotas).



    3. Finalmente, tu referencia acerca del presidente venezolano como un “mono parlante” es mucho más irrisoria, y además es absurda, sin dejar por un lado racista, de lo cual te diré algunas cosas más adelante en beneficio de tu mayor información y caudal intelectual. Este señor Maurice (¡vaya que es ridículo llamarse así en un país como Guatemala!, en este momento me estoy riendo como desquiciado), a quien sus detractores internos llaman “el mico-mandante”, es alguien mucho más ilustre que la mayoría de tus conciudadanos, se expresa muy bien y con propiedad sobre diversos temas (tienes mucho que aprender de este líder político de izquierda). Aparte de que, sin entrar en consideraciones detalladas sobre política e ideología, el hombre tiene mucho más coherencia discursiva e ideológica que cualquiera de los presidentes que han gobernado tu país (Exceptuando a los presidentes Arévalo y Arbenz; para quienes la oligarquía de tu país ayudo a derrocar, uno de ellos muy bien formado académicamente como pedagogo). Al comparar a Chávez con el presidente actual de Guatemala, a todas luces se sabe quien es el mono parlante (a saber que los monos no desarrollaron capacidades cognoscitivas de lenguaje). ¿Acaso Maurice?, tu que eres un extraordinario escritor… ¿no te has dado cuenta la manera tan grotesca como articula las ideas tu presidente?... ¿Por qué no escribes sobre eso?... ¿Acaso no te lo permiten en El periódico?... ¿O también estás tan enajenado que no te das cuenta?... ¿Si hay libertad de opinión, no es así?...escribe, te invito...y también te cuestiono: ¿Por qué ninguno de tus amigos periodistas ha escrito sobre el ejemplar presidente de Guatemala?. Este tipejo, con relación a lo que he explicitado: ¡sí que es un mono parlante!…porque si los monos hablaran, con perdón de ellos, se expresarían verbalmente como Oscar Berger (y no me gusta despreciar a los monos de este modo, pues me parecen animales muy interesantes y el respeto hacia ellos es de carácter filogenético ).



    Sí, evidentemente Hugo Chavez no es un hombre blanco como el presidente actual de tu país. Guatemala es un país con una gran mayoría de gente con piel oscura y con rasgos amerindios, y las personas blancas y con fenotipos europeos como lo serás tú, ocupan un lugar privilegiado en el sistema de estratificación social del país. Para tu mayor información. Todos los ciudadanos con fenotipos “europeizados” de tu país, han sido sujetos vigorosamente de una ideología propugnada por Estados liberales en Latinoamérica durante el siglo XIX. Desde la cual se instituyo una ideología pigmentocrática que a partir del fenotipo y especialmente de la blancura de la piel, instauró un sistema ideológico que legitimó la segregación de sectores poblacionales mayoritarios del continente, en pro de la defensa oligárquica de intereses que aún hoy en día rigen la dinámica política y económica en varios países del hemisferio. Agrego, se trata de una ideología que hizo asociar la blancura europea con el progreso económico de los pueblos. Una blancura indicativa de la superioridad racial y pureza de sangre frente al indio o negro “salvaje semejante a los monos y simios (como pregonaban en aquellos tiempos)” que se “resistió” a la vida civilizada… una ideología que años más tarde, legitimaría explicaciones sobre el por qué “los indios” no responden a los impulsos de la modernidad más que como mano de obra asalariada –y barata- en monocultivos agrícolas. El mismo indio latinoamericano que algunos crean regresivamente inmune a las políticas neoliberales de desarrollo económico, como parte aún de este esquema evolutivo propio de un darwinismo social promulgado en Europa. Toda esta urdimbre ideológica Maurice, constituye asimismo la base para que se haya institucionalizado una jerarquía étnico-racial por todo el continente, que da forma y estructura las relaciones y representaciones del poder dentro de las sociedades latinoamericanas. Es decir, una jerarquía a saber, según la cual los fenotipos europeos: caucásicos, germánicos y anglosajones –siendo estos los más apreciados por los Estados liberales-, denotaban el grado de civilización que portaba una persona, y por tanto incluso hoy, la posición socioeconómica que les corresponde dentro de la sociedad. De ese modo, el “hombre blanco” es superior al mestizo, al indio y al negro, de manera sui generis, dando lugar a una inmensa gama de expresiones del racismo y la exclusión social en estos países. Se trató pues, de una ideología que sustentó políticas eugenésicas –de integración/segregación- en países con predominante población indígena como Guatemala, durante los transcurridos dos siglos pasados. Bueno, pienso que esto ya es demasiada información para ti, puesto que para una persona que lee mucho, esto no será desconocido. No obstante, tu verborrea que fácilmente acude a calificativos profundamente racistas –sin saberlo talvez o no sé- refleja tu sustrato social. Estos “lenguajes” como en muchos casos tienen su expresión en actitudes discriminatorias por parte de “los ciudadanos blancos del mundo”, que descalifican sin mucha reflexión tomando desde este cuadro histórico los categóricos y muy memorables símbolos de la superioridad racial.



    Atentamente,



    Sergio Aguilar.







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