Y malo lo que quita algo. Así de sencillo. Las instituciones estatales no deben estar allí como de adorno. Deben dar algo, no solo consumir recursos de nuestros impuestos. Aportar soluciones y no solo succionar contribuciones. El Parlacen, por ejemplo, debería convertirse ¡ya! en un ente de utilidad para los pueblos centroamericanos. Sus resoluciones ahora no sirven de nada. Si es inútil, ¿para qué está?
Otro tanto sucede con el Congreso de la República. Con su presupuesto recién aprobado, a los diputados no les faltarán recursos para sus gastos, durante un año más. Son juez y parte al mismo tiempo y por eso se sirven con la cuchara grande. Si no, ¿de dónde sale para tanto asesor, personal administrativo, combustibles, celulares, comidas, bebidas y viajes? Los legisladores reciben un jugoso salario y todas estas prestaciones a cambio de un trabajo escaso.
Cada vez que las cámaras de los noticieros enfocan al pleno, vemos un ausentismo y desorden notorios: los diputados deambulan por el hemiciclo, hablan por teléfono, consumen comidas y bebidas, o están enfrascados en interminable platicadera entre ellos. No se ve un ambiente de trabajo; más bien de holganza y poco interés en trabajar por sacar adelante al país.
La punta del iceberg del dispendio congresil fue el vergonzoso viaje de tres diputados a París con invitación falsificada, y últimamente el no menos bochornoso de las dos diputadas en su relajado fin de semana de supuesto “trabajo” en lujosas habitaciones de hotel con jacuzzi al lado. Son estos gastos un escándalo en un pueblo donde hay escolares que reciben sus clases sentados sobre bloques de cemento y donde en los hospitales faltan insumos para los enfermos. La seguridad, la justicia y la seguridad alimentaria de la población son de mentiras y la educación no se privilegia por falta de “voluntad política” ¡incomprensible y lamentable! de esos mismos diputados.
Es necesario un cambio de actitudes, mayor conciencia de lo que es el servicio público. Recientemente un grupo de diputados pidió un aumento salarial. ¿En base a qué? Muchas leyes de urgente necesidad duermen el sueño de los justos, por una deficiente labor legislativa o por intereses espurios incrustados en el organismo legislativo.
Los sueldos de los servidores públicos deben aumentarse a base de méritos. ¿Pero cuáles son los méritos demostrables del Congreso? Porque aumentar los sueldos a base de deméritos es absurdo y descabellado.
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