Opinión:He llegado al finalSolo países ricos pueden darse el lujo de adoptar medidas socialistas. Por: Rigoberto Juárez–Paz
El 13 de noviembre de 1996, exactamente una semana después de que apareciera el primer número de este diario, publiqué mi primera columna bajo el título “El arte de reír”. Hoy 7 de diciembre de 2007, 11 años, un mes y un día más tarde, y con mucha regularidad, aparece la última. Mi reconocimiento a Jose Rubén Zamora, María del Carmen de Curley, Juan Luis Font, y Sylvia Gereda Valenzuela. Ellos generosamente me permitieron tener un auditorio nacional e internacional, algo que todos los maestros de escuela aspiran algún día llegar a tener. A todos ellos, sin excluir a los correctores, mi profunda gratitud. En todos esos años he abordado una gran variedad de tópicos, como conviene a una publicación que por su propia naturaleza está dirigida a un público heterogéneo. Por ser yo profesor de Filosofía era natural que en muchas ocasiones abordara (y que también distorsionara) temas de esa disciplina, en el afán de hacerlos accesibles a todos los lectores.
Como fuere, aquellos que eligen la reflexión filosófica como actividad principal solo pueden ganarse la vida dando clases, una actividad que produce profundas satisfacciones. Al respecto quiero recordar que, hace muchos años, cuando un maestro de escuela, según a él le gustaba llamarse, llegó a la Presidencia de la República y se formó el Sindicato de Trabajadores de la Educación, a mí me pareció que tal sindicato estaba fuera de lugar, pese a que los maestros nunca han sido remunerados generosamente en ninguna época ni en ninguna parte. Si, además, ellos eligen vivir en países que todavía están muy lejos de haber satisfecho sus necesidades básicas, como con mucha buena suerte lo hice yo, la situación se torna mucho más difícil. Pero, como digo, yo fui muy afortunado y por ningún motivo me arrepiento de haber vuelto a mi país y a “Jícaro City”, que, por cierto, el 31 de agosto de 2008 cumplirá cien años de haberse independizado de San Cristóbal Acasaguastlán y adquirido la categoría de cabecera municipal. Fue precisamente en el Mensuario de “Jícaro City” que apreció por primera vez “El Arte de reír”, mi primera columna en este diario, de la cual cito: “Quien ser ríe de sí mismo no puede menos que ser tolerante de las infinitas tonterías de los demás, pues esas tonterías las ha encontrado en sí mismo y las ha sometido a su propia burla. Quien se ríe de sí mismo aprende a sentir compasión por las innumerables imperfecciones de los demás, que también son suyas propias. Y, en fin, quien se ríe de sí mismo, o posee el arte de reír, está en posesión de otro importante aspecto del arte de vivir”. En todos estos años, he compartido experiencias de toda índole y he tratado de persuadir a mis lectores de la verdad de algunas creencias que afectan la vida nacional. Una de ellas ha sido que el pensar que “basta con la intención” ha tenido consecuencias perjudiciales para nuestros pueblos latinoamericanos. El intencionalismo moral ha sido perjudicial para la formación de nuestra conciencia moral y para el bienestar material. Cual sea el motivo o intención de su conducta es algo que solo a quien actúa le importa. Al prójimo le interesan básicamente los resultados de la conducta de los demás. También insistí mucho sobre el mestizaje cultural de nuestra nación; y la necesidad de descentralizar nuestro país, ya fuera creando regiones políticamente autónomas o simplemente distribuyendo los diversos ministerios del Estado por toda la república. En el Valle de la Ermita ya no cabemos y cada año la situación se pone peor. También insistí mucho en que solo países ricos pueden darse el lujo de adoptar medidas socialistas. (Hoy estaría cumpliendo 83 años Héctor–Neri Castañeda, el más original pensador filosófico del mundo hispánico, durante más de un siglo). Muchas gracias a quienes leían mis columnas. Agregar comentario: |
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