Nuestra querida Guatemala es un país donde las tradiciones, que podríamos llamar vernáculas, van desapareciendo implacablemente. Por ejemplo: la Semana Santa, de ser un evento entrañablemente religioso con características únicas en el mundo, se transformó en una degradada “chupacoa” en las playas, en “Pana”, el “Río” o Miami. Las celebraciones del 15 de septiembre con desfiles, fuegos artificiales, fiestas en el Palacio Nacional, el Club Guatemala y conciertos, han desaparecido. ¿Qué nos queda? El fiambre del primero de noviembre y la Navidad ya sin las “posadas”, una tradición muerta también, talvez porque no incitaban al consumismo. El carnaval con fiestas de disfraces de postín o populachera quiebra de cascarones también desapareció, y así en cada poblado vemos que las tradiciones desaparecen. Si miramos a México, por el contrario, las tradiciones se mantienen, tanto las aquí desaparecidas como las propias de ellos, el 5 de mayo, el día de la Virgen de Guadalupe, la Feria de San Marcos, “con su jugada” diría José Alfredo Jiménez. En Estados Unidos, los días de los Presidentes, la Pascua (Easter), la Independencia, el día de los Veteranos, del Trabajo, de Colón, Acción de Gracias, Navidad, Año Nuevo y otros. Pero aquí solo hay tradiciones comerciales como el Día del Cariño, ya no de los enamorados, hasta el de la Secretaria, pasando por el del Niño. Dentro de esa tendencia de tradiciones comerciales pero con sentido de sana diversión para la familia surgieron el Árbol Gallo, las Luces Campero y el asesinado Desfile Navideño de Paiz, ahora orgullosamente globalizado: Wal–mart. Aparentemente el desfile que alegraba a los niños y a sus padres, en este país sin diversiones gratuitas, no era rentable para la cadena mundial, así que se sustituyó por un programa en televisión inapropiado para niños, de mal gusto y nada navideño. Admiro a Carlos Argüello, pero ese chompipe desplumado con colas de barrilete era chocante, aparte del monólogo cursi de la niña que “volaba” sobre el ridículo animal. Claro, no fue solo eso, el inicio con el Monje Loco o, como diría Derbez, el “Longe Moco,” fue grotesco en un programa para niños. Sin restar mérito a los artistas guatemaltecos (¿?), el programa fue muy aburrido, nunca sustituirá al desfile Paiz, que era una tradición chapina al estilo del desfile de Macy's en Nueva York. Señores de Wal–mart, no destruyan lo que no es suyo. Amén.
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1 comentarios:
Carlos Hernandez: (2007-12-11 10:59:11 horas)
Ese dia estuvo mejor la pelicula de Adam Sandler Click, en un canal de cable, que ver semejante chasco.
Pero bueno, ojala se corrija para el proximo, y tengamos de nuevo EL DESFILE PAIZ.
Para los que critican este desfile por los embotellamientos, sencillo quedese en su casa, y mire el cable, porque la television nacional deja muuuuucho que desear, porque de las pocas veces que he visto los canales nacionales de una hora que dura alguna serie, ud. ve 40 minutos de publicidad...haga la prueba
1 comentarios: