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Thomas Sever
Una de las teorías más aceptadas sobre la desaparición de la cultura maya, es que la deforestación provocó cambios climáticos que afectaron a largo plazo. Con el tiempo, los ríos que abastecían a los pueblos se secaron, y los animales que cazaban desaparecieron. Esto los obligó a abandonar ciudades.
Actualmente, estos centros mayas son considerados un patrimonio guatemalteco y mundial. Sin embargo, la naturaleza, impulsada por el hombre, quiere eliminar todos estos rastros de la cultura maya.
Según Thomas Sever, fiscal de la sección espacial de la NASA y encargado de localizar sitios arqueológicos por medio de fotografías satelitales, los cambios climáticos dañan las estructuras antiguas.
“Las consecuencias de los cambios climáticos, como las lluvias ácidas y las ondas de calor, deterioran constantemente las obras arquitectónicas mayas”, afirmó Sever durante una visita realizada a Guatemala.
Además del deterioro por la lluvia y altas temperaturas, la humedad de la región petenera crea las condiciones ideales para que en las estructuras crezca una microflora.
Jorge Mario Ortiz, del departamento de monumentos prehispánicos del Ministerio de Cultura, explica que las pequeñas plantas se adhieren a los templos. De esta manera, sus raíces crecen poco a poco y provocan rajaduras y grietas.
“Todas las estructuras necesitan mantenimiento constante. Si no se hiciera, las raíces de las plantas provocarían el colapso de los templos”, asegura Ortiz.
Cada año se realiza un monitoreo para determinar el tipo de cuidado que necesita cada estructura. De esta evaluación depende si el mantenimiento se hace cada uno, tres o seis meses. Según Ortiz, cada templo requiere un promedio de Q20 mil anuales para su conservación. “Es por la falta de dinero que algunos templos no han sido descubiertos”, afirma.
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