Las declaraciones dadas por Álvaro Colom en cuanto a que no se propone impulsar reformas constitucionales, resultan de gran importancia por cuanto que denotan su conocimiento del Estado: el problema de fondo no es la excelencia que puedan tener o no las normas constitucionales, sino, simple y llanamente, que estas no se cumplen. El gran esfuerzo que debe realizarse, en consecuencia, y que se intentará, quizá por vez primera, es hacer que la Constitución se cumpla, desde la primera hasta la última de sus normas. Hecho este esfuerzo y —si ya cumplidas— el resultado no llega a ser satisfactorio, entonces, sí, cabría pensar en reformarlas.
El anuncio del próximo Presidente resulta importante para aquellos que no gustan de aventuras en cuanto a las reglas de juego, léase inversionistas nacionales y extranjeros.
Cosa distinta es la reforma que propugna Manuel Ayau, ya que en este caso se trata de un planteamiento en bloque que —más que ahuyentar— atraería a los citados y que, en tal sentido, resulta inofensiva para la deseable —y tan difícil de conseguir y proyectar— estabilidad de las reglas de juego.
El drama que vivimos es el drama del divorcio que existe entre fe y vida. Entre la Constitución, aprisionada como se encuentra dentro del libro que la contiene, y la realidad en que vivimos. En otras palabras y en buen chapín: es el terrible drama de una Guatemala que sería absolutamente distinta si la Constitución y las leyes se cumplieran.
Algunos pensarán que la posición del futuro Presidente podría ser conservadora, pero como ya lo he dicho en alguna ocasión, el apego a la Constitución y a las leyes, en esta Guatemala nuestra, es algo que resulta audaz e incluso, revolucionario.
Puede contemplarse la reforma de algunas leyes por parte de las nuevas autoridades de gobierno, pero no de la Constitución, reforma que al menos, de momento, pereciese innecesaria.
Guatemala se ha vuelto una sociedad cínica porque las leyes no se cumplen, empezando por la propia Constitución de la República; y me parece juicioso empezar por donde debe de empezarse, haciéndolas cumplir. Antes que pensar en reformas, el planteamiento que se hace es el correcto y, bien lo destaca así Danilo Parinello, cumplamos lo que existe. ¿No le parece?
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