Esta semana, recibí copia del resumen del informe “¿Cómo llegaron a su nivel los mejores sistemas educativos del mundo?”, preparado por la consultora McKinsey. El estudio analizó los casos de 25 países cuyos estudiantes han obtenido los mejores resultados en pruebas internacionales, tales como las evaluaciones del proyecto PISA, impulsado por la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica. La investigación explora qué hacen aquellos sistemas educativos que lideran las pruebas para ser exitosos y busca propiciar una reflexión sobre los aspectos que podrían ser replicados por otras naciones para mejorar la calidad escolar.
Existen análisis previos sobre los factores que inciden en el mejoramiento de la calidad de la educación. Mientras que algunos privilegian la inversión en educación y el tiempo efectivo de aprendizaje, otros hacen énfasis en el papel del maestro y en la disponibilidad de libros de texto y materiales de lectura. Sin embargo, a pesar de que el gasto es necesario para el funcionamiento de los sistemas educativos, McKinsey resalta que el mismo no es necesariamente la clave para mejorar la calidad de la educación y pone como ejemplo el caso de Singapur que, a pesar de obtener excelentes resultados en las pruebas internacionales, gasta menos per cápita en educación que otros países desarrollados, los cuales obtienen resultados equiparables o inferiores. El estudio concluye que hay tres factores que son determinantes para alcanzar niveles sobresalientes de calidad en los sistemas educativos: colocar como profesores a las personas correctas; desarrollarlos como instructores efectivos; y asegurarse de que el sistema sea capaz de ofrecer la mejor instrucción posible a cada niño.
La evidencia proporcionada resalta que el estatus de la profesión docente depende, en todos los casos estudiados, de la habilidad del sistema educativo para incorporar a las personas correctas a la profesión. Por ello, recomienda a los tomadores de decisión incluir en sus consideraciones al formular políticas educativas los mecanismos de selección de los aspirantes a ser maestros, una adecuada compensación inicial para atraer a los mejores candidatos, el fortalecimiento de los procesos de formación y perfeccionamiento docente y un manejo cuidadoso del estatus de la profesión. El estudio confirma que la calidad de un sistema educativo no puede exceder la calidad de sus maestros. En tanto no logremos interesar en ser maestros a las personas más aptas y motivadas, invirtamos en brindarles una adecuada preparación y les otorguemos los incentivos correctos, la situación de enseñanza-aprendizaje en las aulas no variará.
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