El beso es uno de los gestos más universales presentes en esta natividad.
José Miguel Argueta
Cuando uno siente el gusto por un buen vino, el placer de beberlo requiere identificar ciertos elementos fundamentales; primero es de las pocas bebidas donde no interviene exclusivamente el sentido del gusto. Hay que poner los cinco sentidos. Sentir el aroma, de la uva molida, encontrar el olor a madera de la barrica, encontrar el olor a campo, etcétera. Incluso la vista, nos permite apreciar el color, el movimiento, etcétera. Todos nuestros sentidos entran en comunión. El dejar reposar un poco de vino, sentir su calor provoca una sensación de bienestar.
Igualmente la Navidad es algo que se experimenta, se vive, se nutre de la misma manera. La música ejerce su encanto, las luces y la estética de bombitas navideñas, encajes, campanillas, integran con el olor a flor de pascua, a manzanilla, hoja de pacaya, pie de gallo, etcétera.
El humeante y delicioso tamal, unido a un ponche caliente, nueces y el sentimiento de bienestar que provoca el sentirse próximo a los demás.
Creo que la Navidad es una de las pocas fiestas en que los chapines experimentamos toda una serie de sensaciones de bienestar y placer recíproco experimentadas en su corporeidad. Los ojos juegan un papel fundamental.
El cuerpo es nuestro lenguaje radical, por medio de él recibimos, comunicamos, expresamos. Por ello es que la Navidad tiene tanta importancia, el oler, gustar, tocar, oír y mirar. Dirigir los ojos hacia un lugar, una persona o cosa tiene una fuerza comunicativa que añade profundidad al sentido de la Navidad.
Los ojos son las ventanas hacia otras personas, puerta de acceso a la intimidad que nos hacen partícipes de todo lo que nos rodea.
Hay miradas de amor, de rencor, de curiosidad, de codicia, de niño. Si nuestros ojos están sanos todo el cuerpo estará iluminado, si no todo estará a oscuras. Creo que en esta Navidad podemos regalarle al prójimo una mirada de admiración, mirada de afecto.
Los ojos celebran la Navidad.
Las manos son una prolongación de lo más íntimo del ser humano, representan una fusión del cuerpo y del espíritu. Con nuestras manos expresamos lenguaje no–verbal e intuitivo. Hay manos que se tienden para pedir, para amenazar, que saludan, que alzan el puño cerrado, que cogen en silencio la mano de la persona amada, que se tienden abiertas al amigo, que ofrecen un regalo, que dibujan en el aire una despedida.
El beso es uno de los gestos más universales presentes en esta natividad. Las personas se besan al encontrarse o despedirse. El beso significa lo que queremos significar eficazmente. En fin, lo fantástico de esta Navidad de 2007 es que podamos sentirla con todos nuestros sentidos, expresarla y brindarla a cada guatemalteco, en cualquier rincón, en cualquier situación y que siempre lleve un mensaje de paz, y de bienestar para todos. Esa es la mejor manera de acercarnos a la Navidad.
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