Desde hace más de un año lo venía fraguando. Por fin el grupo Mofongo concreta su primer proyecto discográfico El emperomasinembargo...
Jorge Sierra
Desde hace más de un año lo venía fraguando. Por fin el grupo Mofongo concreta su primer proyecto discográfico El emperomasinembargo... Con una presentación de diseño a todo lujo, la placa está compuesta de 18 creaciones sonoras. En realidad 19, por el bonus track de cierre, de carácter instrumental y ajazzado.
Y es que este plato caribeño aborda no solo el reggae, el ska, lo mestizo, sino también rock alternativo, algo con sabor a country, y otro a pop latino setentero. Así de locuaces y aventureros son estos cinco chicos cuya actitud, como apunté hace un tiempo, les permite articular un lenguaje propio, una infatigable entrega y un estilo que busca la renovación del pop.
Desde la apertura, con la pieza Mofongo, hay una declaración de principios: “Que la gente salte, con este ritmo que está candela”, por supuesto en clave rítmica, caribeña, alegre, lúdica. Salpicada por una voz pícara de rap. Esto da pie a escuchar una de las mejores del disco Cuando tus labios, un latin pop, que combina tensión y relajación. Y le continúan: El dóctor (sic), la canción rock–ska de su desacuerdo a la política cubana; Me van a dar, agridulce a ritmo de ska; Vuelve, donde hay mucho de Maná metido, con recurso rítmico suramericano; No me olvido de ella, la canción del olvido imposible, es una especie de brit pop con aires de The Police; y luego, la irrelevante historia de amor de Bufanda. Otras tres de la nómina, Fuego, En conclusión y Necesito de ti, son quizá las más orgánicas de la placa y que posiblemente encuentren mayor refugio en el gusto del público. Son para corearlas en grupo.
Por supuesto, esta no es toda la lista. Los chicos son dadivosos. Hay más canciones como Conchi, Un poco más y Te adoro yo, pero son poco significativas, donde no hay sorpresas ni algo que pueda añadirle al tejido ecléctico del disco, a excepción del bonus track mencionado arriba.
La banda, con apenas tres años de vida, posee una buena base en el batería Lester Barrientos y el bajista Andrés Azmitia Rugg, así también un oportuno tecladista Luis Penedo Mancilla, y en el guitarrista y primera voz Raúl Sosa Ortega, quien por cierto, sin mala uva, aporta poco con su guitarra, pero cuyas letras (algunas sí sosas) y voz se adhieren al tónico desempeño y dinámica de sus compañeros, para finalmente desembocar en el deseo de generar luz propia. Al menos es la intención que se deduce tras la escucha de este disco.
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