Luego de un año y seis meses de aplicación en Guatemala del TLC con Estados Unidos, las tan publicitadas ventajas continúan sin existir para el grueso de la población nacional. La subida de las exportaciones de nuestro país hacia EE.UU. permanece concentrada en azúcar, frutas y minerales, y esto da como efecto inmediato elevar –aún más- el ingreso nacional en la oligarquía terrateniente nacional y en las transnacionales que depredan nuestros recursos naturales. Las ventas de EE.UU. a nuestro país continúan creciendo, lo cual no es ninguna sorpresa salvo que ahora, producto del TLC, no pagan aranceles, lo que incrementa las ganancias de los importadores en el país.
Los sectores populares, lejos de crecer, se han deprimido. El empleo no ha crecido, hasta los empleos sin calidad de la maquila textil se esfuman, y no existen previsiones serias de mejoría durante 2008. El costo de los productos alimenticios básicos se incrementó y los granos, ahora vistos como combustible, amenazan alejarse de la mesa.
El salario mínimo “subió” Q2.42 el jornal diario para los campesinos y Q2.68 para la ciudad. Una verdadera vergüenza nacional. En conclusión, el TLC profundiza nuestra grave situación: hambre y pobreza versus concentración desmedida de riqueza.
En estas condiciones, heredadas del Gobierno empresarial, bien hará el nuevo Gobierno –tomando como ejemplo la debacle mexicana del maíz, el frijol y los lácteos– en intensificar la producción de estos productos, generando créditos populares e inversión masiva en infraestructura productiva.
Debe declararse zonas de emergencia nacional para la agricultura las áreas deprimidas de los departamentos de mayor pobreza, y concentrar en ellos la inversión del Estado, para provocar desarrollo agropecuario y rural. Se debe ampliar la base productiva de los pequeños productores, lo que requiere de medidas urgentes y creativas para el acceso a la tierra. La propuesta de las organizaciones campesinas de reorientar el presupuesto del Ministerio de Agricultura hacia este fin es central en la nueva dinámica del desarrollo nacional. La otra clave está en el fortalecimiento de la institucionalidad estatal de apoyo. Es necesaria la presencia técnica y coercitiva del Estado, para hacer viables las decisiones ejecutivas.
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